El retorno de los agoreros

Ciudad de México /

La semana pasada reaparecieron los agoreros de la economía mexicana. Ya los conoce usted: se trata de los mismos personajes que, al menos desde 2018, han pronosticado un desastre macroeconómico en México que nada más no termina de ocurrir. Sus amenazas y pronósticos son bien conocidos: pronto habrá una devaluación, ocurrirá una crisis bancaria, se perderán tus ahorros, etcétera. La justificación para su reaparición fue la reducción de la calificación de la deuda soberana del país por parte de la agencia Moody’s.

De haberles hecho caso en el pasado, lo más seguro es que usted habría perdido dinero. Si hubiera comprado dólares cuando el tipo de cambio estaba en 20 pesos, bajo la expectativa de que la paridad cambiaria llegaría a 25 pesos por dólar como algunos llegaron a afirmar, en lugar de ganar 25 por ciento de rendimiento usted habría perdido más de 10 por ciento de toda su inversión, ya que el peso mexicano se mantiene sólido alrededor de 17.5 pesos por dólar. Por otro lado, si usted tenía algunos ahorros invertidos en la Bolsa Mexicana de Valores y los retiró a principios de 2025 por el temor que suelen infundir estas aves de mal agüero, usted se habría perdido del rally de la bolsa que le llevó a ganar cerca de 40 por ciento en 2025.

Una y otra vez los pronósticos extremadamente pesimistas de algunos opinadores y analistas se han enfrentado a la terca realidad de una economía mexicana con buenos fundamentos macroeconómicos y con enorme resiliencia en su aparato productivo. Esos pronosticadores tan negativos confunden sus deseos y animadversiones personales con un análisis serio y riguroso.

La realidad es que la economía mexicana no se va a colapsar y que no hay ningún riesgo de una crisis inminente. Esto no quiere decir, por supuesto, que la economía esté boyante, ni que no haya nada que mejorar: el crecimiento es magro y las finanzas públicas exhiben una cierta precariedad, pero de allí a pensar que hay una crisis en el horizonte inmediato hay un trecho muy largo.

Varios indicadores demuestran la solidez de la economía mexicana: la notable estabilidad cambiaria (incluso en un contexto internacional muy complejo), la robustez y los altos niveles de capitalización del sistema financiero, las cuentas favorables del sector externo (por primera vez en mucho tiempo tenemos un superávit comercial), la reducción continua de la pobreza laboral, el aumento de las exportaciones manufactureras no automotrices, los históricamente bajos niveles de desocupación, etcétera.

Esto no implica, sin embargo, dejar de reconocer que hay riesgos y desafíos importantes a los que debe hacer frente la economía mexicana: es imperativo crecer más, debemos fortalecer la recaudación fiscal, se debe contener el avance de la deuda pública y hay que avanzar en la resolución de los problemas operativos y financieros de Pemex, entre otros. Todo esto debe tenerse en la agenda de corto y mediano plazo. Sin embargo, para el debate público es más útil entender estos matices y temas específicos, en vez de entrar en una ruta excesivamente catastrofista que sigue tratando de espantar a la población con el petate del muerto.


  • Gerardo Esquivel
  • Economista.
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