La semana pasada fue desastrosa para Donald Trump: sufrió una doble derrota. Primero lo venció la realidad, luego lo derrotó la Suprema Corte de su país. Esta doble derrota podría marcar el destino de su segunda gestión presidencial. Veamos que fue lo qué pasó y por qué esto es importante hacia adelante.
El jueves pasado, la Oficina del Censo de los Estados Unidos (U.S. Census Bureau) reportó las cifras de comercio exterior de Estados Unidos para todo 2025. La idea original de Trump era que la imposición generalizada de aranceles que anunció el Día de la Liberación lograría reducir en forma significativa el déficit comercial de Estados Unidos. Sin embargo, la realidad y las fuerzas económicas subyacentes son tercas: el déficit comercial de Estados Unidos en bienes y servicios prácticamente se mantuvo constante, ya que pasó de 903 mil millones de dólares en 2024 a 901 mil millones en 2025, una reducción de apenas 0.2%. Peor aún, el déficit comercial en bienes (que es lo que realmente Trump buscaba afectar) incluso se incrementó, al pasar de 1 billón 215 mil millones de dólares en 2024 a 1 billón 240 mil millones de dólares en 2025, un incremento de 2.1%. Al ajustar por el cambio en precios, el aumento en el déficit comercial de bienes es incluso mayor: ¡5.7%! El resumen del reporte de la Oficina del Censo lo dice muy claro: “El déficit comercial en bienes de 2025 es el más alto del que se tenga registro”. Un rotundo fracaso para Trump por donde se le vea.
La segunda derrota de la semana para Trump llegó el viernes, cuando la Suprema Corte de Estados Unidos votó en contra de todos aquellos aranceles que impuso Trump amparado en la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA, por sus siglas en inglés). La Corte estadunidense consideró que Trump se excedió en sus atribuciones y que los aranceles no estaban justificados. Esto elimina, entre otros, los aranceles que Trump le impuso a México y Canadá bajo el argumento de que la migración y el fentanilo eran una amenaza para su país. Esto no afecta, por otra parte, a aquellos aranceles que se impusieron con otros argumentos, como los de la sección 232 que se aplican al acero y al aluminio mexicanos.
Como era de esperarse, Trump no se iba a quedar cruzado de brazos y rápidamente repuso un 15% de aranceles generalizados a todo el mundo amparado en la sección 122 de la Ley de Comercio de su país. Este anuncio, por cierto, exceptúa a los bienes de México y Canadá que entran a Estados Unidos bajo las reglas del T-MEC, por lo que nosotros mantendremos una cierta ventaja relativa con respecto a otros países.
Estos nuevos aranceles tienen tres características importantes: primero, son controversiales porque apelan a un supuesto déficit en la balanza de pagos que hoy no existe (hay déficit comercial, pero no es lo mismo); segundo, solo podrían estar vigentes por un periodo de 150 días y, tercero, si se quiere alargar su vigencia, esto requeriría de la aprobación del Congreso. Todo esto limitará, sin duda, el poder discrecional de Trump para anunciar de aquí en adelante aranceles a diestra y siniestra, por lo que una parte importante de su estrategia de gobierno ha quedado desmantelada.