Los grandes jonroneros de la historia suelen ser ponchados con regularidad. En muchos casos, el número de ponches es de tres o cuatro por cada jonrón conseguido. Un caso extremo es el del gran Reggie Jackson, quien tuvo 4.6 ponches por cada uno de sus 563 jonrones. En su afán de dar el gran batazo, estos beisbolistas suelen fallar miserablemente con gran frecuencia.
Eso mismo le pasa a Donald Trump. Dio un gran batazo con la captura de Maduro en Venezuela. Se trató de una operación relativamente limpia y sin bajas de consideración. Trump se arregló rápidamente con la sucesora, Delcy Rodríguez, y obtuvo lo que él y sus seguidores consideran como una victoria política en América Latina. Trump pensó, erróneamente, que atacar a Irán sería igualmente fácil. Trump estimó que, acabando con el ayatolá, lo demás ocurriría con relativa facilidad. Lo primero sí ocurrió, sin embargo, lo segundo está siendo mucho más complicado de lo que anticipaba.
El cierre del estrecho de Ormuz tuvo efectos inmediatos en el precio del petróleo. Pasamos de un precio que fluctuaba alrededor de los 60 dólares por barril antes del ataque a niveles que hoy se encuentran por encima de los 90 dólares por barril, es decir, un incremento de 50 por ciento. Si bien es cierto que el aumento en el precio del petróleo ha logrado contenerse, esto no significa que el problema haya sido resuelto. De hecho, podríamos decir que el daño económico ya ocurrió. El aumento del precio del petróleo ya está plenamente instalado en los mercados y nadie anticipa que pronto regrese a los niveles previos al ataque. Por lo mismo, sus efectos sobre la economía ya están ocurriendo.
El aumento en el precio de la gasolina ya comienza a reflejarse en las estimaciones sobre la inflación en Estados Unidos, mientras que los consumidores estadunidenses ya empiezan a resentirlo y dan señales de una menor confianza en el futuro. Por otro lado, las presiones inflacionarias van a complicar el escenario para el banco central estadunidense. Por ello, la expectativa que tiene Trump de que la Reserva Federal podría bajar las tasas de interés quizá no ocurra tan pronto como él quisiera. Además, el mercado laboral ha comenzado a mostrar signos de enfriamiento. Un escenario complejo por donde se le vea.
Toda esta situación, junto con otros factores internos, ya está afectando de manera muy significativa la imagen de Trump en las encuestas. Según el New York Times, la actual tasa de desaprobación de Trump es de 58 por ciento, mientras que solo 39 por ciento de la población lo aprueba, una diferencia negativa de 19 puntos porcentuales. Esta diferencia es peor que la que tenía Joe Biden a esta misma altura de su gobierno (-12 puntos porcentuales) y es incluso peor que la que tenía el propio Trump durante su primer periodo (-13 puntos). Todos sabemos cómo terminaron esas dos gestiones presidenciales. A Trump le queda medio año para tratar de revertir esta desastrosa imagen antes de las elecciones de medio término. O da una serie de jonrones en forma consecutiva o podría irse ponchado una vez más.