México tiene una enorme fábrica de futbolistas, pero algo está fallando en la línea de producción.
Es una realidad, Gilberto Mora es la gran joya actual del futbol mexicano y está a punto de emigrar a Europa. Es la gran esperanza de nuestro país que espera sea el gran héroe de nuestra selección.
Pero, ¿no deberíamos ya estar produciendo a más “Moritas”?
Cada fin de semana miles de niños entrenan con el sueño de llegar a Primera División. El problema es que no basta con tener talento. Hay que saber desarrollarlo, y ahí es donde nuestro futbol sigue teniendo una deuda importante.
Las fuerzas básicas deberían ser el corazón de cualquier proyecto serio. Sin embargo, todavía encontramos procesos de formación donde pesa más ganar un campeonato Sub-17 o Sub-20 que desarrollar al futbolista. ¿Cuántos jugadores se están formando para competir al máximo nivel y cuántos simplemente están compitiendo para ganar torneos juveniles?
También debemos hablar de los formadores. No basta con haber jugado futbol para saber enseñar futbol. Un entrenador de fuerzas básicas necesita preparación específica, actualización constante, conocimientos de metodología, psicología, nutrición, preparación física y herramientas modernas de análisis. Si queremos jugadores de élite, necesitamos entrenadores preparados para formar atletas de élite.
Después viene el siguiente muro: el futbol profesional.
La Liga MX tiene recursos, grandes estadios y una enorme capacidad económica, pero el joven mexicano muchas veces termina siendo la última opción. Los clubes buscan resultados inmediatos y, ante la presión, es más sencillo contratar a un futbolista extranjero que esperar el proceso de un joven de 18 o 19 años.
El extranjero no es el enemigo. El problema es un sistema que puede terminar ofreciendo más oportunidades al jugador que llega hecho que al mexicano que necesita minutos para terminar de formarse.
Y las consecuencias llegan hasta la Selección Mexicana.
Nos preguntamos constantemente quién será el próximo gran talento, quién tomará el lugar de las figuras actuales y por qué México tiene cada vez menos jugadores protagonistas en las grandes ligas europeas. Pero quizá la pregunta correcta sea otra: ¿Estamos preparando a nuestros jóvenes para llegar hasta allá?
Europa no debería ser el destino de unos cuantos privilegiados, sino una posibilidad real para los mejores talentos mexicanos. Para conseguirlo se necesita formación, minutos, competencia y una mentalidad de exportación de talento.
¿Qué hacer? Profesionalizar realmente las fuerzas básicas. Capacitar y evaluar a los formadores. Dar incentivos a los clubes que debuten y consoliden jóvenes mexicanos. Mejorar las competencias juveniles. Crear mejores condiciones y rutas para los visores. Y, sobre todo, darle al futbolista joven algo que ningún entrenamiento puede sustituir: oportunidades.
México no tiene un problema de niños que quieran jugar futbol. Tiene un problema para convertir ese entusiasmo en futbolistas de alto nivel.
Mientras sigamos buscando soluciones comprando jugadores hechos, quizá seguiremos dejando en la banca a los que algún día podrían hacer historia con la camiseta de la Selección.
El talento mexicano está ahí. La pregunta es si nuestro futbol está dispuesto a darle la oportunidad de demostrarlo.