El reloj de la historia de nuestro país parece marcar tiempos difíciles.
El rango de nuestros problemas se ha sofisticado e intrincado, enfrentamos inconveniencias en lo político, económico, social, cultural, jurídico y tecnocientífico.
Sin embargo, la afirmación colectiva nos conduce a aspirar por el advenimiento de un México mejor.
En este sentido, los mexicanos propugnamos hoy por una mayor organización social, por una significativa amplitud ideológica, respetuosa diversidad de credos, convicciones y tendencias, así como por una magna idoneidad por la libertad.
Diversos estudiosos y analistas políticos coinciden en señalar que la vida futura de nuestro país presenta y representa un alto desafío.
En el horizonte cercano de un nuevo régimen atisban dificultades políticas por el distinto enfoque de lo público.
Lo anterior, nos conlleva a comentar que nuestro tiempo nos exige un profundo ejercicio de reflexión.
Requerimos de nuevas capacidades para salvar las contradicciones, para recomponer los fragmentos de la realidad.
No debemos olvidar que siempre hay manera de hacer posible la grandeza.
Tenemos la capacidad de tender la mirada lejos, así como la probada fuerza histórica en superar las circunstancias, evita que por el apremio de la coyuntura se condene al futuro.
Es importante recordar que por irreflexión en el Siglo XIX los mexicanos nos extraviamos, enconamos y ensangrentarnos.
Fue una época cargada de estancamiento, de pugnas, fratricidios, injusticias, invasiones, intervenciones, pérdidas, mutilaciones y tiranías.
La imprudencia nos conllevó a menospreciar el tema de Texas, no previmos la inminente anexión, ni la consecuente invasión y la resultante mutilación.
Como señala el eminente abogado y escritor JOSE ROMERO APIS, “Nos vinimos a dar cuenta cuando el 15 de septiembre de 1847 la bandera norteamericana ondeaba en la asta central de Palacio Nacional”.
Hasta entonces conjeturamos que deberíamos de ser una verdadera nación.
En esta hora, como en todos los tiempos, después de siglos de odios y sucesos lastimosos, nos enseña que no debemos volver a caer en engaños.
Para ello, se deben disipar las sombras, garantizar el valor y el éxito de la esperanza.
Sólo así, el aprendizaje colectivo volverá a darnos confianza.
Obtiene certidumbre un país donde la razón y el Derecho prevalecen y fijan claramente el rumbo que se proclama.
Luego, es preciso velar por ella todos los días. México lo vale y lo necesita.
México, aprendizaje colectivo
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