Estamos a dos meses que se desarrolle la copa mundial de fútbol en México y la infraestructura cruje como en pocas ocasiones. El gobierno y los organizadores sabían desde hace años que se tenía que realizar cirugía mayor a aeropuertos y vías de acceso y en lugar de prevenir aplicaron el viejo método mexicano de dejar todo para el último momento.
En parte, porque en un país donde siempre se está en elecciones, la carga de la construcción de infraestructura plegaría al proceso del 2024 y, también, porque creyeron que una mano de gato bastaría para lograr el objetivo.
Gran error. Hoy, no sólo hay una crisis por obra que no terminarán en Ciudad de México y Monterrey, sino que además explotan problemas laborales y sociales que no estaban en el radar.
El lunes pasado tuve que usar, una vez más, el aeropuerto capitalino. He insistido en este espacio que, de ser posible, prefiero usar el Felipe Ángeles, pero la distancia y la falta de rutas acomodadas en horarios escalonados lo vuelve poco práctico. El AIFA tiene muchos problemas que no entienden sus defensores pagados, es prioritario presionar al gobierno y administradores para que los solucionen, situación que se ve cada día mas lejana.
Entonces, al no contar con la opción de Felipe Ángeles, acabé comprando un vuelo a Mérida desde el AICM. Enorme error.
El Aeropuerto Benito Juárez cuenta hoy con tres estacionamientos para abastecer la demanda de sus dos terminales. El problema es que dos de ellos están fuera de servicio ya que, aducen, los están remodelando. No hay un arquitecto o ingeniero en el mundo que sugiera colapsar la movilidad con esa ideota que hoy implementa el aeropuerto metropolitano.
Llegando, dan la opción de utilizar el “estacionamiento multimodal de la Marina” -sin dar ninguna indicación de cómo llegar a él- o en el alterno que se ubica…en el Autódromo.
Cierto, han mejorado sus procesos de ingreso e inspección a salas de última espera, pero todo el tiempo se pierde en los embotellamientos causados en la llegada a ambas terminales por los autos que no pueden encontrar donde estacionarse.
Al regreso, tuve que trasladarme de la terminal dos a la uno ya que mi auto se quedó en el estacionamiento de salidas internacionales. Ahí, otro problema: el aerotrén que une ambas terminales se encontraba fuera de servicio.
La solución fue tomar un camión que se habilitó para unir ambos espacios. Sin embargo, el transporte tiene un costo extra pese a que se supondría que debía ser cubierto por la Tarifa de Uso de Aeropuerto que uno paga, siendo esta de las más caras del mundo.
Ya en el camión, varios pasajeros se quejaban del hecho e incluso del trato por parte del personal de Marina. Uno de los usuarios dijo que era mejor “usar el AIFA”.
La realidad es esa, pareciera que hay un plan para cansar a los viajeros en la utilización del AICM y que, de forma voluntaria, utilicen el Felipe Ángeles.
Esto, pese a los problemas de movilidad y rutas que ya había mencionado y eso sin considerar la problemática de los autos por aplicación, mucho más grave ahí que en otros lugares.
El martes, decenas de pasajeros debieron caminar hacia el Aeropuerto Miguel Hidalgo de Guadalajara luego que trabajadores de la plataforma UBER cerraron accesos en protesta por las políticas implementadas por el gobierno estatal y el federal que les impiden la carga y descarga de pasajeros.
Esta, una ideota más, pasa por alto que los trabajadores de UBER -ojo, los trabajadores- pagan ya una cantidad enorme de impuestos al gobierno por desarrollar su trabajo.
Es entendible que los taxis concesionados de los aeropuertos quieran defender su fuente de trabajo, pero con medidas proteccionistas lo único que logran es el rencor del usuario.
Y eso que aun nos falta para que llegue el apocalipsis de movilidad que sea la Copa del Mundo.
Esa que los comentócratas critican en Jalisco pero aplauden a nivel federal.
Bien raro.