La presidenta envío una iniciativa nacida para perder. La reforma electoral que se votó ayer envío el Congreso era un dátil envenenado para los partidos políticos satélites del movimiento gobernante, dátil que no les dijeron cuando se sumaron a la coalición ganadora en el 2024.
Es cierto: el Partido Verde creció como nunca de la mano de MORENA y el del Trabajo logró comprar tiempo extra convertido en el ala radical de esa izquierda más cercana al PRI que a otro partido que es la 4T.
Lo que no entienden es que ambas dirigencias están acostumbradas a acercarse a quienes les dan mejores posibilidades de supervivencia que a quienes los patean desde el desdén y la soberbia.
En el primer informe de Vicente Fox, Jorge Emilio González -ese político que creció torcido y no enderezó su rama- rompió con la coalición gobernante por una sola razón: los panistas no habían cumplido con el pacto político. El “Niño Verde” jugó con fuego Y no ganó todas en el sexenio de Calderón. No obstante, una eficaz campaña de mercadotecnia lo posicionó por encima de otros partidos pequeños que desaparecieron en el mismo periodo. González ha aprendido a saltar la liana de la grilla con tan singularidad que deja que sus operadores -el senador RBD entre ellos- sean quienes jueguen con el reflector mientras él opera el partido desde la sombra, con beneficios para todos.
Lo mismo sucede con el líder del PT de apellido Anaya. En 2015, la organización estaba desahuciada, los spots que aun tenían pese a la pérdida de registro recordaban que les faltaban 3 mil votos para sobrevivir. Peña se los dió en una de esas negociaciones en donde sólo él ganaba. Con el tiempo, el partido se volvió férreo aliado de MORENA y sirvió de catapulta para que Fernández Noroña lograra su anhelo de convertirse en candidato presidencial sustituto o corcholata, como prefieran decirlo.
Así, ni uno ni otro iban a dejar que les quitaran lo ganado de manera tan fácil. La iniciativa montada por Pablo Gómez y Jesús Ramírez daba todos los privilegios a MORENA para que llegaran a la mayoría calificada de manera automática. No sólo eso, arrebataba la posibilidad que ambas instituciones crecieran y los ponían contra la pared en la negociación para las candidaturas de San Luis Potosí y Quintana Roo.
Se sabe que la supuesta ruptura traerá consecuencias ya que la presidenta tiene la cabeza fría sólo para tratar con Donald Trump. Ya la jauría digital de Palacio Nacional ha convertido las redes en el estiércol donde desean revolcar los cadáveres políticos de ciertos integrantes de dichos partidos. Lilia Aguilar -la diputada del PT recordada por lo distorsionado de sus intervenciones en tribuna y por tener una casa cuyo valor no se equipara con su sueldo- es una de las víctimas digitales de la ira en la derrota.
Sacarán, han anunciado, un plan b para tratar de imponer ciertas reformas a leyes electorales secundarias. Habrá impugnaciones y seguro lograrán triunfar con aquellas que hablen de censura y limitaciones ciudadanas, siempre tan frágiles.
Pero no nos confundamos, el llamado victorioso a dichas leyes es una muestra del talante autoritario con el que se mueve eso que es muy exitoso en el terreno de la grilla y el poder, éxito directamente proporcional al fracaso en seguridad, salud y educación.
Buenos para la grilla, malos para gobernar.