La oposición y el camino a la perdición

Ciudad de México /

Vamos casi a cerrar la primera semana de precampaña formal -o legal, luego de meses en el limbo de la opacidad y la hipocresía- y las señales son muy negativas para el Frente Amplio.

Por principio de cuentas, ya no es tan amplio.

Una y otra vez, hay voces dentro de la alianza que desean saltar del barco, ya sea por traiciones internas, negociaciones truncas o el espíritu del agandaye protagonista, diputados, senadores, alcaldes y connotados miembros de los partidos ahí suscritos han mostrado su desconfianza a que el proyecto llegue a buen puerto.

A ello, sume la negociación en lo oscurito que hicieron los tres partidos para repartirse puestos y plurinominales, asegurando fuero para sus dirigentes pero, también, expulsando a ciudadanos y miembros de la sociedad civil que lo último que harían sería apoyar a esa contaminada clase política.

Por último, Xóchitl. La candidata de la chispa y la disrupción ha caído en las garras de la monotonía, el discurso fabricado y la comunicación entre varillas. Lo único que podía salvarla en una desigual elección era su carisma y capacidad de respuesta, hoy perdida entre malos asesores e intereses partidistas.

Cierto, hay una clase media harta de la polarización y la compra de conciencias no a través de la acción administrativa sino de la dádiva clientelar, pero ni ella podrá entusiasmar a una enorme cantidad de mexicanos que tendrían que salir a votar en julio próximo para minimizar el hueco entre Gálvez y Sheinbaum.

Aclaremos algo importante: la mayoría de las encuestas levantadas al día de hoy hacen una especie de prorrateo en el momento de demostrar los abismales números entre una y otra. Es decir, si declaras que no votarás de entrada quedas fuera del levantamiento. Eso hace que los números se distorsionen, ya que hoy existe un número importante de votantes que prefieren no salir a las urnas ante lo malo de las dos propuestas conocidas.

De ahí la apuesta de Samuel de salir e intentar algo diferente, pero el esfuerzo debería ser titánico y convencer a más de uno que no solo debe salir a votar, sino de cambiar su voto para virarlo en ritmo fosfo fosfo.

García tiene -por supuesto- dos armas muy poderosas, ambas digitales: Su esposa y Eu-Zen. Rafael Valenzuela intentará la proeza de multiplicar el personaje de Mariana Rodríguez en todo el país. Todo, ante el naufragio de los partidos tradicionales que apenas comenzó el proceso electoral y ya tiraron la toalla.

Por último, Morena y aliados. Claudia sabe que tiene tras de sí casi todo lo necesario para ganar: dinero, poder, popularidad de la marca y el magnetismo del presidente.

No obstante, también sabe que sus mejores cartas -inteligencia y capacidad- quedan en segundo término gracias al modelo mexicano de partidos, donde López Obrador apostó por lealtad y lisonjería por encima de eficiencia.

El problema es que, sin AMLO, la ecuación debería de cambiar.

Cosa que muchos no quieren. Vaya, ni siquiera desean cambiar de presidente.

Por más decepcionante que sea.


  • Gonzalo Oliveros
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