Nuestros prejuicios al leer

Jalisco /
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La semana pasada el periódico El Universal publicó una vieja entrevista que realizó el periodista Edmundo Cazares. Esta era otra de las cientos de conversaciones que el reportero ha realizado en sus 50 años de carrera.

Parecía otra pieza más dentro de la galería de pláticas que Cazarez presume en su palmarés. De hecho, hace un año, presentó un libro compilatorio de las mismas titulado “A lo Mero Macho”, donde seleccionó algunas de estas charlas y le pidió al comunicador Ciro Gómez Leyva que le diera un prólogo.

Gómez Leyva no sólo le obsequió unas palabras sino que le hizo una entrevista en su popular programa radiofónico. En esa entrevista, Gómez Leyva le preguntó sobre la conversación con Carlos Monsivais y Edmundo Cazarez le respondió que el cronista metropolitano le había confesado en 1999 que Andrés Manuel López Obrador había vivido en su casa cuando tenía 19 años de edad por un periodo de cuatro meses. A ninguno de los dos –Gómez Leyva y su entrevistado– les pareció el dato morboso o sorprendente, de hecho Cazarez recalcó que Monsivais había dicho que AMLO era un tipo divertido y que le había hecho feliz el tenerlo en casa.

En ningún momento de la plática parecía o asomaba un aspecto sexual o erótico.

En la publicación de El Universal, el periodista retoma ese segmento de la conversación y refiere que “Monsi” habría calificado la estancia del expresidente en su casa como que habría pasado deliciosas y divertidas noches con él.

En la misma versión estenográfica, Monsivais habría dicho que AMLO “Estaba loco” y algunas otras acepciones más poco afortunadas sobre lo que sucedía en la izquierda del 99 dentro del país.

La colera llegó no por las palabras que descalificaban a López Obrador o incluso a Cuauhtémoc Cárdenas, sino por las insinuaciones –o así se tomaron– que López Obrador habría tenido un amorío homosexual con el escritor.

Cazarez pudo haber dejado esa declaración de Monsiváis de manera intencional, lo que valdría preguntar es ¿De ser real la entrevista, cuál fue el tono de la respuesta? Cierto, puedo estar pecando de ingenuo al creerle a un periodista que, hoy, no encuentra el cassette donde grabó una declaración que hubiera sido –mínimo– polémica en cada uno de los intentos de López Obrador por ser presidente.

Pero el caso es otro, la indignación que causa -y que pretenden ocultar de otros tonos- ante la mera sospecha que AMLO pudiera tener una aventura homosexual. No es aceptable para una parte importante de la población pero, por más que sea sorpresivo, sobre todo para sus simpatizantes.

Hemos perdido una semana en exigir pruebas de que López Obrador no tuvo un romance –o un acostón, pues– con un escritor. Demasiada importancia pedimos hacia algo que, hoy por hoy, debería ser irrelevante por múltiples motivos.

Uno, el escritor está muerto. No puede defender sus dichos y menos sus hechos.

Dos, el político está retirado, lo que haya pasado con su vida personal no marcará ninguna acción futura pública.

Tres, el entrevistador no encuentra el material. Puede que esté mintiendo, por lo que aún es más pequeño el asunto.

Cuatro, nada de lo que aquí relato tiene impacto en los asesinatos, desapariciones, crisis económica, narco gobernadores, crisis educativa y de infraestructura que vive el país. López Obrador dejó un desastre no por sus amoríos -como sí sucedió con otros presidentes-, sino por una visión maltrecha y equivocada de las soluciones.

El leer un trayecto de una entrevista con ojos retorcidos no ayuda en mucho hacia la compostura de un país que no necesita mayores razones para pelearse.

De hecho, necesitamos muchas para reconciliarnos.


  • Gonzalo Oliveros
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