La historia mediática mexicana tiene puntos de quiebre interesantes que, a partir de la falta de memoria o falta de oficio hacia la misma, quedan rebasados o sepultados.
Octubre del 68 fue uno de ellos. La gente quiere aun creer esa historia de que, la noche del 2 de octubre, Jacobo Zabludovsky salió en “24 Horas” a decir la infame frase de “hoy fue un día soleado”. La versión es falsa por múltiples motivos: el noticiero nocturno del canal 2 era conducido por Ignacio Martínez, el control editorial no era de Telesistema Mexicano sino de Excélsior, Jacobo salía en el canal 4 a las 8 de la noche y en el 2 en las mañanas en el “Noticiero Nescafé” y las comunicaciones desde Tlatelolco hasta Chapultepec esa noche estaban cortadas ante el control del ejército de las calles y teléfonos cercanos a la Plaza de las Tres Culturas.
Cierto es que, a la mañana siguiente, el reporte fue escueto y Zabludovsky no hizo ningún contrapunto a la información oficial, como tampoco lo hicieron los periódicos que, en su mayoría, recuperaron que el ataque había venido de la concentración del Comité Nacional de Huelga. De hecho, Luis Echeverría apercibió a Jacobo por llevar en la transmisión de la mañana del 3 de octubre una corbata negra. El entonces Secretario de Gobernación infirió que la prenda era un guiño hacia lo acontecido en Tlatelolco cuando, en realidad, era una marca de luto que llevó el periodista durante décadas. Tras la masacre, Telesistema Mexicano decidió crear su sistema de noticias, el mismo que lanzará un nuevo canal de streaming en fecha próxima.
De la misma forma, la competencia hizo cambiar el entretenimiento. El canal 2 tenía una forma de presentar cantantes y cómicos, muchos patrocinados por marcas de golosinas o artículos de limpieza. A la llegada de Televisión Independiente de México en ese 68, los nuevos jugadores fueron feroz en ese campo. Los regios dueños de TIM llamaron a Neftalí López para que condujera “Domingos Espectaculares”: una mezcla del show de Ed Sullivan, Cosas de la Vida y Cámara Escondida. López cometió un error político grave -entrevistar a Carlos Madrazo- que le dio la entrada un reportero de El Heraldo: Raúl Velasco.
Durante décadas, Velasco controló el input musical de los mexicanos. La duración enorme de “Siempre en Domingo” definió carreras y escándalos. Si alguien quería ser ídolo de multitudes, debía recibir la “patadita de la suerte” de Velasco.
El formato se desgastó y, por supuesto, tuvo múltiples críticas por su discurso ramplón y superficial, pero Raúl Velasco entendía que el medio le daba el poder de desvanecer los ataques y moldear la preferencia popular. Ambos, Zabludovsky y Velasco, cedieron sus espacios ante el cambio generacional de Televisa y la aparición de una competencia a la que no estaban acostumbrados. Hoy en día, la política copia la estrategia. Cada mañana, el discurso lo moldea alguien en una transmsión de larga duración que no tiene réplica ni competencia. Hay quienes esperan la “patadita de la suerte” en un halago o ademán o, en contraste, la trompeta del Chacal que los elimine de la jugada.
Zabludovsky y Velasco duraron casi 28 años pese al desgaste. Sobrevivieron al rock, el punk, el disco, Pancho Barrio, Clouthier, Cárdenas, el new wave, el rock en tu idioma, las protestas de Chihuahua y Baja California.
No los quitó la crítica, sino la novedad.
Y, hoy, no hay nada nuevo en la política. Por eso el show diario continúa dictando agenda.
Gonzalo Oliveros