La semana pasada advertí en este espacio lo que terminó pasando: un episodio como la manifestación de Giovanni López reventada por asistentes radicalizados. Nunca advertí que si la vez pasada la indignación fue por un policía pasado por fuego, ahora sería por una ciudadanía pasada por agua.
La reconstrucción de los hechos del domingo deja ver varias aristas incluso de días atrás.
Lemus atiende una reunión con un periodista en las instalaciones del ITESO. A su salida, algunos alumnos lo interrogan sobre la situación del agua y él responde cosas similares a lo que había respondido minutos antes en el programa de radio. Casi al finalizar el encuentro en los pasillos de la institución, miembros del Colectivo Palestina que están en la universidad lo increpan y pasan del problema del agua al compromiso sobre la seguridad de los asistentes en la marcha del domingo.
Ese día, una decena de miles de personas sale a la calle. Se veía desde antes que era una oportunidad para hacer una marcha distinta, tensa en momentos, sí, pero no violenta. Tan es así que en la esquina de Acuña y López Mateos instalaron un escenario donde un grupo musical de mujeres amenizaba y la plática de días anteriores era sobre la creatividad de los carteles invitando a la marcha, no sobre los riesgos de que se desatara la violencia.
Soy un creyente en que el principal cuidador del ciudadano son sus pares. He realizado festivales callejeros multitudinarios con ese precepto donde unos se cuidan a otros... incluidos los destinados a la seguridad.
Cierto, cuidar Casa Jalisco no es lo mismo que cuidar un festival musical y menos en la circunstancia en que padres e hijos salieron el domingo. Pero eso daba a todos una mayor responsabilidad en evitar cualquier confrontación.
No lo entendieron quienes aventaron globos con heces fecales a los policías, a quienes partieron en cuatro el cráneo de un oficial y quien le cercenó un dedo a otro.
Tampoco, queda claro, a oficiales que usaron tolete, agua y gas para amedrentar asistentes y quienes detuvieron por igual justos y pecadores. Algunos, cierto, ni siquiera participaron en la manifestación y solo pasaron por ahí.
Hay quienes sostienen que los policías parecían que tenían el deseo de revancha hacia los manifestantes. No sé si sea correcto pensar por ellos en una columna, creo que la evidencia habla más que la prosa. El actuar debe ser investigado y los detenidos deberán salir sin cargos.
Porque, en el supuesto que entre los 39 hubiera algún tipo de responsabilidad, la realidad episódica que se ha visto en redes muestra otra cosa: faltó inteligencia para saber quiénes y de qué forma podían poner en riesgo a la mayoría y cómo accionar al respecto.
Lemus hizo lo que los gobernantes de Morena temen o saben pueden evadir gracias a la marca y la impunidad de la grey: asumir responsabilidades de los errores en su gobierno. Falta la investigación entera de lo que pasó y castigar a los responsables, no sólo a quienes accionador abusos policiales sino también a quienes dieron información incorrecta antes, durante y después del operativo.
Y, claro, encontrar a quienes también violentaron a los policías con pruebas contundentes.
No es tarea fiscal, más cuando el domingo viene otra marcha que será más politizada. Tal vez menos numerosa, pero eso no la hace menos amenazadora.
Será otro domingo de perros.