La presidenta viaja a Nueva York por invitación de Donald Trump. Anuncia el viaje en un devaneo con los medios lea noche del viernes pasado y, curioso, realiza un video explicando las razones del viaje que se pueden sintetizar en un “lo cortés no quita lo valiente”.
Sheinbaum lleva dos meses y medio en defensa de sus narcopolíticos, clama por las mismas pruebas que obvió en el caso García Luna donde, sin chistar, ella y su grey nunca dudaron de la culpabilidad y coerción del ex secretario de Seguridad Pública con el crimen organizado.
La presidenta hizo hasta mítines en defensa de la soberanía. Si fuera poco, las últimas semanas han sido sangrientas en cuanto la actuación de los agentes del ICE contra migrantes en los Estados Unidos.
Había temas para cancelar la visita o anteponer la discusión de ellos antes que la foto oficial de la propaganda de FIFA y del propio Trump. Nada de ello pasó.
Sheinbaum tomó un avión de la Fuerza Aérea Mexicana –misteriosamente, el vuelo de Delta donde viajaría fue cancelado pese a que no hubo otros en esa situación– y llego a un hotel Kimpton en Park Avenue donde la esperaban dos decenas de mexicanos movidos por una organización conocida como Morena en Nueva York.
Vale la pena resaltar que la ubicación de la estadía de la presidenta no fue dada a conocer por ninguna instancia oficial. Es decir, Morena en Nueva York no pudo enterarse de dónde se hospedaría Sheinbaum de no ser por el pitazo del aparato de propaganda del gobierno. Ello, a propósito, se convierte en un grave descuido de seguridad de la presidenta, cosa que no aceptarán así como no aceptan que Morena en Nueva York está siendo investigado por las autoridades norteamericanas por su intromisión -supuestamente junto con el consulado de México en Nueva York- en actividades electorales.
Como sea, la presidenta se vistió de esmeralda y asistió a la final de la Copa del Mundo. En varias ocasiones insistió que no asistiría a ningún juego -son sus palabras- por lo elevado del costo de los mismos para la población en general. Sus sicofantes intentan aliviar la incongruencia bajo la explicación de que, para la clausura, Trump la convocó a ella y Carney como parte del Comité Organizador del mundial; Mala suerte: quien haya observado la ceremonia de premiación, sabrá que el presidente de los Estados Unidos acaparó casi todo el espacio.
Durante cuatro horas estuvieron Trump y Sheinbaum en el mismo palco. No se puede decir que no hayan llegado a hablar de los abusos de ICE y del caso Rocha, pero la evidencia sugiere otra cosa: Terry Cole –el líder de la DEA– insistió en que caerán los políticos corruptos que hoy encubren al Cartel de Sinaloa apenas unas horas después del encuentro entre los dos presidentes y el ICE ha arreciado sus operativos en la Unión Americana.
Por el lado mexicano, Sheinbaum no mencionó en ninguna de sus apariciones públicas después de la clausura que haya tomado ambos temas ni con Trump ni con Marco Rubio –el encargado de la política exterior de los EUA–. En pocas palabras, mucho aparador pero poca indignación. Furia en la plaza pública, amansamiento en los corredores políticos.
Acabó el mundial y, con ello, la tregua. El Rocha y los otros siete protegidos por el gobierno de México siguen libres y, al parecer, sin visos de que los vayan a detener. Las elecciones de los EUA serán en noviembre y la apuesta del gobierno mexicano es que los republicanos pierdan el control de las cámaras.
No consideran que, al momento, aun faltan meses para dicho proceso y que, aun sin cámaras, Trump tiene la presidencia como instrumento de justicia.
Si piensan que los demócratas van a defenderlos de los deseos trumpianos de intervención, deberían de recordar que fue un gobierno demócrata el que se llevó a Ismael Zambada, ese mismo que llegó a un acuerdo no tradicional con los gringos para evitar la cárcel de máxima seguridad donde dormita el Chapo.
Portapapeles
Es innegable la crisis del agua en Guadalajara, también lo es la forma en que comentocrátas y expertos en la materia –tanto los reales como los de oidas– misteriosamente se han acercado a actores políticos que tendrán relevancia en el proceso electoral del 2027.
¿Es válido que los políticos señalen los errores y saquen provecho para sus aspiraciones? Claro, es su ambición.
¿Deben de develar periodistas y expertos su alineación a una corriente política? Sería lo decente para saber si su juicio no lleva, también, un interés político personal
¿Lo harán? No, el nombre del juego es engañar al público.
A ver quién gana.