A México se le descompone el futuro

  • Entre pares
  • Guillermo Colín

Ciudad de México /

Como ya lo ha hecho históricamente, la Patria prevalecerá sobre los futuros días aciagos que se vislumbran entre nubarrones del porvenir. Pero por las actuales embestidas de EU a México, es posible que la actual generación de adultos mayores ya no alcance a ver cumplidas sus esperanzas de días política y socialmente luminosos empeñadas en la 4T.

Justo cuando el país comenzaba a saborear algunos cambios fundamentales que incluía una renovada libertad de expresión y a encarar las enormes dificultades financieras de sus cuentas públicas, herencia maldita de más de tres décadas de neoliberalismo rapaz y corrupto, surge de improviso la mayor amenaza a su soberanía que haya enfrentado en décadas: “Si EU determina a su discreción, que después de 45 días de la fecha en que se publicara la declaración conjunta, las medidas adoptadas por el gobierno de México no alcanzan resultados suficientes, el gobierno de México tomaría los pasos necesarios bajo su legislación nacional para que dicho acuerdo pudiera entrar en vigor al término de los 45 días siguientes”.

Todo un ultimátum migratorio para que en efecto, en 90 días México pase a ser por decisión unilateral estadunidense, “Tercer país seguro”. De aprobarlo el Senado, impondría al país la obligación de hacerse cargo por tiempo indefinido de la migración previa a EU que se presentase.

Los costos para llevar a cabo este encargo son incalculables, pondrán en entredicho la viabilidad económica del país, cercenarán su soberanía, cambiarán la fisonomía política de la nación y en muchos casos ni la disposición de recursos monetarios bastará para soportarlo.

Basta con mirar la abandonada frontera sur, sin infraestructura alguna que la delimite, salvo los múltiples pasos de cruce que ofrece el Río Suchiate y luego de eso, a ambos lados solo hay un denso terreno selvático por donde cruzan las invisibles coordenadas limítrofes donde empieza o acaban los países. La imposibilidad de cumplir la principal demanda estadunidense es evidente. Otro es el alto costo de mantener desplegada en la frontera una fuerza de 6 mil soldados y marinos en vías de constituir la Guardia Nacional.

Un ejemplo más son los casi tres mil millones de pesos que hasta marzo contenía el Fideicomiso de Infraestructura para los países de Mesoamérica y el Caribe (Fondo Yucatán), de los cuales la mitad piensa destinarse al programa Sembrando Vida en forma conjunta con El Salvador para “crear fuentes de empleo y desarrollo que contribuirán a contener la salida de migrantes”. Faltaría conocer cuántos recursos de estos fondos estará dispuesto a aportar el gobierno trumpista, principal beneficiario de las acciones de contención.

De cualquier modo, buena parte del presupuesto federal mexicano deberá ser redireccionado cuando no se tenía previsto hacerlo, y en todo caso otras serían las prioridades nacionales para ejercerlo (seguridad y salud por indicar solo dos). La presión sobre las finanzas públicas de por sí estragadas, será enorme. Y eso sin contar con los aranceles que EU amenaza con imponer a México.

En contraste a la obvia polémica mediática que ha alcanzado el tema, la clase política en su mayoría ha permanecido deshonrosamente abúlica con la honrosa excepción de Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, quien con su acrecentado acervo nacionalista, diplomático y político, puso disidentes puntos sobre las íes para impulsar un debate más informado al interior del Congreso y a los ciudadanos en general, así como para advertir sobre los peligros inminentes: “¿Qué podemos hacer? ¿Vamos a estar contra la pared toda la vida? ¿Vamos a ser esclavos por generaciones? Yo creo que esto debe orillar al gobierno de México a una nueva política; puede ser costosísimo, pero ¡no vamos a ser esclavos! Lo que no podemos es agacharnos. Y tenemos que pelear con todo”.

Pelear tiene varias connotaciones. Puede ser en forma bélica o mediante la vía diplomática que es por donde AMLO debería haber empezado. Olvidó que había asegurado que su gobierno no respondería a tuits. “Yo –asegura Muñoz Ledo– le hubiera mandado una nota diplomática al Departamento de Estado: ‘Por favor dígame qué es lo que quiere decir su jefe’. Cuando menos se podría haber logrado otro tono”.

Perdidas las formas queda para el olvido la estampa de medio Gabinete amloísta despachado en pánico a Washington a tocar despachos en principio vacíos. Ya sin ellas no se calibró mejor la amenaza. Por lo menos pudo haberse invocado, como sugiere Muñoz Ledo, que México no puede por cuenta de un tercer país frenar su flujo migratorio, pues sería inconstitucional.

Queda la resistencia, pero como pregunta el historiador Lorenzo Meyer: ¿está la sociedad mexicana dispuesta a resistir que el dólar suba, que el costo de la vida sea más caro, que haya más desempleo? La paradoja es que como sea, el cataclismo sobrevendrá.

gcolin@mail.com

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