Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a la renovación de la mesa directiva del Colegio de Ingenieros Civiles de Tamaulipas, en donde se nombró por segundo periodo de dos años en la presidencia del organismo, al reconocido profesionista del ramo, Ingeniero Darío Alfonso Brambila Mendoza.
Tuve la oportunidad de conocer a Dario Brambila desde la época en que le tocó obtener por concurso, obras tan importantes en el Sur de Tamaulipas, tales como gran parte del Centro de Convenciones de Tampico, orgullo de la ingeniería y que brinda a la región un legado que había sido un sueño de los habitantes de la zona conurbada, o el drenaje profundo de Tampico, que vino a solucionar gravísimos y añejos problemas de inundaciones.
“Dabra”, como lo conocemos sus amigos por las siglas de su nombre y de su empresa, pese a haber sufrido el abuso impune de la delincuencia de hace 15 años, no ha claudicado y su retorno a la zona sur no es obra de la casualidad, sino de la fe y del empuje inquebrantables de un hombre bien nacido, educado y con una formación académica y familiar que lo caracteriza.
En su atinado discurso el Ingeniero Darío Alfonso Brambila fue categórico en señalar que el Colegio que representa no es un cargo de membrete, al contrario, los Ingenieros Civiles organizados tienen hoy presencia y voz ante las agrupaciones de Colegios Camarales y gobiernos de Tamaulipas, para así ser parte del progreso tanto privado como público.
Y que mejores oportunidades tienen hoy los miembros organizados de la Ingeniería Civil, la mayoría egresados de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y muchos pertenecientes a la Cámara de la Construcción, con los anuncios hechos para desarrollar la industria, el comercio, la obra pública y la resolución a los adeudos a proveedores de Petróleos Mexicanos que ascienden en la última década, a 25 mil millones de pesos y que ha llevado a la quiebra a un sinfín de empresas proveedoras,
Y ejemplos de desarrollo inmediato sobran, pero es de suma importancia que los que deciden a donde se va la obra, se fijen en los profesionistas locales y no sea, como se acostumbra, imponiendo por dedazo las millonarias inversiones a foráneos sin merecimiento alguno.