Este año voy a ceder mis deseos

Tamaulipas /

Una costumbre arraigada en México es la de ingerir doce uvas al llegar el año nuevo, que significa un deseo por cada uva, que se irán cumpliendo mes por mes, desde enero hasta diciembre, claro está que las peticiones son de significado positivo, tanto en cosas materiales como espirituales.

La tradición de las doce uvas es por supuesto subjetiva, ya que no cualquiera puede adquirir tantas uvas para una familia numerosa por su alto precio, lo que llevará a que los deseos solo sean a través del pensamiento para atraer salud, trabajo, amor, bienestar o estabilidad emocional.

En los últimos días del 2025 estuve haciendo mi lista y llegué a la conclusión de que mis anhelos no fueran solo para mi persona, ni que tampoco representaran peticiones subliminales, pero si más palpables y objetivas.

Pedí menos corrupción en el gobierno, para que quienes manejan los presupuestos cumplan con ética y profesionalismo como gastar los dineros.

Solicité menos violencia que se traduce en muertes, extorsiones o secuestros, que conllevan a la duda social de que el gobierno es cómplice de este cáncer.

En Salud mis deseos fueron que se construyan mejores hospitales, con atención médica especializada y dotación de medicamentos y que a su vez las farmacias del bienestar no sean un engaño más con cara de puestos de tacos.

Anhelé menos niños y adultos con cáncer u otras enfermedades mortíferas, y lo mismo rogué para que no haya hambre, frio o sed en cualquier rincón del país.

En la lista deseé que la educación en México sea de calidad tanto en aulas, como de maestros preparados y, aquí combiné las ganas de que los egresados de las universidades tengan trabajos dignos y bien remunerados.

Y la lista superó los doce deseos, ya que no excluí mejor trato a las mujeres y ancianos, una mayor inclusión, más obras públicas, pero construidas con calidad, cárcel para delincuentes y corruptos, menos atole con el dedo a la población y si mejor nutrición, entre muchos otros.

Este año todos mis deseos se los cedo a quienes gobiernan el país, esperanzado en que se les cumplan con su propia voluntad, incluyendo a alcaldes, diputados, senadores, presidente de México y toda la inflada burocracia de los poderes de la Unión.


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