Al cúmulo de errores cometidos con motivo del operativo de Culiacán habrá que añadir uno más que superará a todos los anteriores: la incapacidad de AMLO de rectificar; su terquedad. Ningún gobierno está exento de equivocarse. El problema con éste es, primero, que no lo reconoce y, segundo, la negativa a cambiar lo que no funciona a pesar de la contundente evidencia en su contra.
Nada atenta más contra la gobernabilidad de un país que un gobierno incapaz de hacerse cargo de las tareas que son su responsabilidad. Culiacán ha sido la muestra más grave de ingobernabilidad en materia de seguridad, debido al mensaje enviado: confirmarnos la indefensión en que vivimos por la ausencia de una estrategia para enfrentar el poderío de criminales (que no tienen ningún escrúpulo ni límite en el ejercicio de la violencia), a lo que debe sumarse la explícita renuncia presidencial a utilizar la fuerza necesaria y legítima para defendernos.
Pero el problema de gobernabilidad no se inauguró con Culiacán. En menos de un año son múltiples los problemas por la incompetencia gubernamental. Un recuento de decisiones equivocadas muestra el déficit de gobernabilidad que ha generado el gobierno: 1. La crisis de la confianza empresarial producto de la cancelación del aeropuerto de Texcoco. 2. La crisis de desabasto de gasolina provocada por la cancelación de la importación de gasolinas, que quisieron tapar con un deficiente combate al huachicol. 3. La crisis del abasto de medicinas y de atención en hospitales por el retraso de licitaciones y los recortes a los institutos de salud. 4. La crisis ambiental en Ciudad de México provocada por la cancelación de programas preventivos de incendios. 5. La crisis migratoria generada por la política de puertas abiertas, como si no estuviera Donald Trump en la Presidencia de EU. 6. La degradación de la calificación crediticia de Pemex por la ausencia de un plan técnicamente creíble y viable de rescate de esa empresa. 7. La crisis de violencia e inseguridad provocada por la ausencia de una estrategia de seguridad; Culiacán es solo la cereza del pastel y qué cereza.
Desde esta perspectiva, el error de no rectificar adquiere su dimensión real, ya que esta cadena de problemáticas autogeneradas continuará e incluso puede agravarse. El mensaje dado a los grupos criminales aquella aciaga tarde fue: “sean violentos y les concedo lo que quieran”, por lo que es muy probable que se incremente la inseguridad.
El otro gran tema en el que tampoco se le dan las rectificaciones al presidente López Obrador es el económico. La desaceleración ya existente puede convertirse en recesión si no modifica la nueva política de acoso fiscal (que generará más desconfianza empresarial) y sus bancadas aprueban un presupuesto que incluye una caída drástica en la inversión pública y graves recortes en áreas que no le son prioritarias (salud, ciencia, agricultura, turismo, comunicaciones y transportes) pero que son vitales para enfrentar el estancamiento de la economía.
Así, una gobernabilidad en crisis por la terquedad presidencial que se traduce en incapacidad gubernamental en los dos temas más relevantes para la población –seguridad y economía— marcará no solo este primer año de gobierno, sino que todo parece indicar que seguirá deteriorándose en 2020. La gobernabilidad que le da su popularidad se derrumbará tarde o temprano si se acentúa la incompetencia de su gobierno.