A casi año y medio de haber asumido la presidencia municipal de Playa del Carmen, la administración de Estefanía Mercado enfrenta una tormenta donde convergen la crisis política interna, el descuido ambiental y un alarmante vacío en inversión en obra pública, servicios públicos deficientes e inseguridad.
Estamos frente a un gobierno que ha perdido el control de su propio equipo y el rumbo del municipio. El síntoma más evidente ocurrió recientemente cuando la presidenta municipal Estefanía Mercado tuvo que recurrir al uso de la fuerza pública para desalojar a miembros de su propio equipo de trabajo.
Según reportaron medios locales, elementos de la policía ingresaron a las oficinas de gobierno para sacar a directores de áreas clave como Desarrollo Urbano y Catastro. A esto se suma la renuncia del tesorero con carácter irrevocable. La salida del funcionario responsable de las finanzas ocurre en medio de versiones poco claras sobre la salud financiera del municipio.
En este contexto, Estefanía Mercado lanzó un canal directo —incluso vía WhatsApp— para que la ciudadanía denuncie actos de corrupción de funcionarios. En principio, suena bien, pero abre preguntas como: ¿Por qué Estefanía Mercado necesita que la ciudadanía le diga quién de su propio equipo está incurriendo en corrupción? ¿No confía tampoco en el Órgano Interno de Control?¿Quién seleccionó a estos perfiles? ¿Bajo qué criterios de honestidad y eficiencia armó su gabinete? ¿No es esto, en el fondo, una admisión pública de que no tiene control sobre la administración?
Denunciar la corrupción interna como si fuera un problema ajeno es un intento de deslinde que no convence.
Mientras esto ocurre, Playa del Carmen se ahoga bajo toneladas de sargazo. Denuncias de comercios locales señalan que no solo daña la imagen internacional del destino, sino que golpea los bolsillos de miles de familias que dependen del turismo.
Sí, hay esfuerzos federales y de la Marina, pero también hay una percepción clara en la ciudadanía y en el sector turístico: falta personal, falta equipo, falta capacidad de respuesta suficiente.
Manejar una crisis ambiental excusándose en la falta de recursos en un municipio que recauda miles de millones de pesos al año por concepto de saneamiento ambiental, predial y licencias comerciales, es negligencia. El sargazo no es únicamente una crisis natural. Es, sobre todo, una prueba de gestión pública.
Y cuando los problemas se acumulan sin resolverse, el costo no es solo para la administración que encabeza Estefanía Mercado, sino para todo el municipio que depende de sus decisiones o la falta de ellas.
Por cierto, Estefanía Mercado tiene la mirada puesta en la sucesión estatal; busca la gubernatura de Quintana Roo. Solo que perdió de vista que las cartas credenciales se construyen con resultados. Si no puede coordinar a sus funcionarios, ¿cómo planea gobernar todo un estado? Primero que saque a Playa del Carmen del laberinto en el que ella misma lo metió.