M+.- Con buen sentido, la Presidencia decidió que no hablará más de Andy López Beltrán, el hijo del expresidente López Obrador. Ya ha dado su opinión, dijo, y da por cerrado el tema.
La Presidenta parece entender que el intento de convertir a Andy en portador de la soberanía no tiene otro destino que el descrédito.
Andy es un boomerang: entre más lo defiende la Presidenta, más sola se queda y más fácil blanco es para las críticas de sus críticos y para el silencio de su partido.
De modo que: caso cerrado.
Veremos cuánto tiempo puede la Presidenta suspender sus opiniones al respecto, porque el caso sigue abierto, es un escándalo, un dardo en el corazón de la familia hegemónica de Morena.
Con buen sentido también, la Presidenta envió a su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, a la cumbre de la DEA en Buenos Aires. Y le fue muy bien.
García Harfuch fue recibido con saludos de hijo pródigo, como si la DEA quisiera mostrarle a la Presidenta el camino y el funcionario que le gusta a Washington, justo el que le disgusta a la familia hegemónica.
Quizá García Harfuch pueda negociar para la Presidenta lo que las esgrimas de la mañanera no han podido conseguir: que Washington cierre el caso de Andy y le baje a todo tres rayitas.
La verdad, no lo creo. Creo que no habrá arreglo mientras la Presidenta no esté dispuesta a entregar algo de lo que le vienen pidiendo los gringos desde la solicitud de extradición de Rocha Moya.
La deriva lógica del caso de Andy es la de Rocha Moya de la cancelación de la visa, seguiría un aviso de que Andy es requerido por alguna oficina del gobierno americano para que responda por cargos criminales.
Igual que Rocha Moya.
No sé nada al respecto, hago sólo especulaciones a partir de lo que hemos visto hacer a Washington desde que empezó a pedirle al gobierno de México la entrega de responsables políticos, no sólo de capos del crimen, esos que ya tienen en insuperable colección, presos en sus prisiones y cooperando en sus listas de testigos cooperantes.