De plácemes en Caracas con el Jefe Naranja

Ciudad de México /

Menos torturadas parecen las conversaciones telefónicas presidenciales entre Caracas y Washington que entre Washington y México. Menos urgidas de interpretaciones y glosas.

La bolivariana presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, dijo a los medios ayer:

“Sostuve una larga y cortés conversación telefónica con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, desarrollada en un marco de respeto mutuo, en la que abordamos una agenda de trabajo bilateral en beneficio de nuestros pueblos, así como asuntos pendientes entre nuestros gobiernos”.

La versión de Trump coincidió con la de su encargada:

“Hablamos por teléfono, ella es una persona fantástica con la que trabajamos muy bien. Marco Rubio está viendo esto, y yo también, tuvimos una llamada larga, hablamos de muchas cosas, estamos llevándonos bien con Venezuela”.

Notable que las únicas reservas serias sobre el futuro de la relación de Washington con Venezuela no hayan venido de Venezuela, sino de las grandes empresas petroleras, que vieron con frialdad la invitación de Trump a quedarse con el petróleo venezolano.

Exxon encontró la cosa “ininvertible”, otros dijeron que había incertidumbres que zanjar antes de hacer inversiones largas; solo Chevron, que nunca se salió de Venezuela, vio en la oferta una buena oportunidad.

El sometimiento de Caracas es evidente, con autorización para decir que lo hace todo por el bien de la revolución bolivariana y para rescatar al sustraído Maduro y a su esposa, presos en Nueva York.

No fluye gran información de la marcha puntual del protectorado, salvo que no hay fricciones. Protector y protegido la llevan bien,como dice Trump, y empieza a haber ganancias para la sociedad venezolana.

En particular, el hecho de que han regresado al país la cuenta de X, antes Twitter, que el gobierno apagó durante las jornadas postelectorales de hace dos años, para anular la movilización opositora.

Suponemos que los más beneficiados por la medida serán los que buscaban ser castigados con ella, y que la conversación transversal entre los votantes opositores de aquella elección, cerca del 70%, se restituirá plenamente.

No es poca cosa, y a la vez es nada. Falta mucho por andar, aunque se muestren tan de plácemes en Caracas con el Jefe Naranja.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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