El Interoceánico como símbolo y como profecía

Ciudad de México /

M+.- Suelo decir que la realidad es experta en símbolos. Lo repito ahora que la presidenta Sheinbaum reconoció finalmente que, sí, que el Tren Interoceánico tenía un error de trazo, y que ese error de curvas apretadas, renuentes a la velocidad, fue el mal de origen del accidente de diciembre pasado, que se llevó la vida de 14 pasajeros inocentes, inadvertidos del riesgo que corrían.

Supongo que la noción de autoría intelectual de un delito puede aplicarse aquí a los responsables ingenieriles del trazo mortal.

El tren Interoceánico es un buen ejemplo, un buen símbolo, de dos pecados inherentes a la llamada 4T: las grandes pretensiones y la recurrente ineptitud.

Han llenado sus gobiernos de obras faraónicas, altas en sobrecostos y bajas en utilidad económica o en rendimiento social. Obras de altos sueños transformadores y bajos, cuando no destructivos, efectos públicos.

Interoceánico, Tren Maya, Dos Bocas, AIFA, el rescate de Pemex…

Conforme pasa el tiempo sobre estas obras, cuya cuenta de corrupción y dispendio falta por hacer, resultan peor hechas y más caras, pues a sus inexplicados sobrecostos de construcción, hay que añadir los subsidios necesarios para mantenerlas andando con pérdidas.

Por sus obras la conoceréis, diría la fórmula bíblica sobre la llamada 4T y sus obras emblemáticas.

Por sus obras la vamos conociendo. Si apenas inauguradas, muestran ya esos bajos rendimientos, esos accidentes mortales en el caso del Interoceánico, podemos pensar que lo que anuncia su niñez enfermiza, es un envejecimiento rápido, una presurosa decrepitud.

Las fallas y los arreglos sustantivos que necesita el Interoceánico, son un buen símbolo de las altas pretensiones y las pobres capacidades de ejecución de la llamada 4T.

Quizá puedan leerse también como anticipos de una profecía sobre el futuro que aguarda a estas obras del régimen, el de ser una especie de ruinas instantáneas, obras que pasan en unos cuantos años del estreno a la vejez, del sobrecosto al subsidio, del dispendio a la inutilidad.

Sea de esto lo que fuere, la pregunta sobre el Interoceánico vale: ¿quién es el responsable de su trazo, debe o no debe someterse al escrutinio de la justicia, al interrogatorio y a la rendición de cuentas, por su responsabilidad en los muertos del tren? 


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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