El poder y su palabra

Ciudad de México /
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M+.- El poder debe limitar su uso de la palabra porque su palabra es poder. Su palabra es más poderosa que la de un ciudadano o un periodista común, incluso del más ilustre de los ciudadanos y del más influyente de los periodistas.

Precisamente porque la palabra del poder es más poderosa debe ser usada con mayor cuidado, porque lo que dice el poderoso no son sólo palabras, son instrucciones y definiciones para sus subordinados.

Recuerdo vagamente la anécdota del presidente priista Adolfo López Mateos, que dijo una vez, en un pronto, que ya estaba harto de alguien y que no quería volverlo a ver.

Venía con colaboradores cercanos y con personal del Estado Mayor. En medio de su pronto se detuvo, volteó hacia sus acompañantes y aclaró: “no estoy pidiendo que lo maten, eh”.

Recuerdo mejor, porque me lo contó mi amigo Miguel Reyes Razo, el miedo de Juan Rulfo cuando el presidente López Portillo lo contradijo en público por haber dicho, Rulfo, que los militares de la época de López Portillo (1980s) no eran muy distintos de los de la época de Obregón (1920s) en aquello de no resistir cañonazos de 50 mil pesos. Sólo que ahora eran millones, dijo Rulfo.

Hubo barullo en la prensa y Reyes Razo fue a entrevistar a Rulfo a ver qué pensaba. Rulfo llevaba tres días encerrado en su casa a piedra y lodo. Reyes Razo lo invitó a salir a comer y el genio dijo: “no. Me pueden matar”.

“¿Usted cree que el presidente López Portillo lo puede mandar matar, maestro?”, preguntó Reyes Razo.

“Claro que no”, dijo Rulfo. “Pero algún ocasionado...”.

La palabra pública del poderoso puede matar y dañar porque es guía de obediencia para los ocasionados que el poderoso tiene bajo su mando.

Si alguna palabra hay que acotar en la vida pública es la del poder, porque su palabra fija valores para sus subordinados, también gente de poder, y puede dañar con ellos.

Llevamos años de abuso sin precedentes de la palabra presidencial contra ciudadanos, periodistas, empresas, adversarios políticos y hasta personajes históricos.

La palabra presidencial es la más tóxica que hay en el espacio público, la más influyente, la que puede hacer y hace más daño.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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