El tren y quien lo puso

Ciudad de México /

Se dijo alguna vez que la corrupción hay que barrerla como las escaleras, de arriba a abajo. El accidente del Tren Interoceánico se está barriendo solo abajo.

La fiscalía, la prensa y los expertos han revisado todos los tramos de la escalera y sus versiones reunidas esbozan una explicación convincente del siniestro.

Lo que el esbozo revela es que, tarde o temprano, el Tren Interoceánico iba a descarrilarse. Porque todas sus piezas están mal, de arriba a abajo.

Arriba, el origen es la ocurrencia de un presidente, que ordena emprender la tarea sin tomarse la molestia de hacer un proyecto ejecutivo independiente. Lo encarga a sus subordinados.

Según esa ocurrencia, el tren podía hacerse rápido, utilizando vías existentes desde la época porfiriana, viejas de más de un siglo.

El tren también podía hacerse barato: comprando locomotoras y vagones que ya no se usaban en otras partes, pero era una ganga usar aquí. Eso hicieron, y le añadieron que hubiera transporte de pasajeros, lo cual no había. Ahora hay 14 muertos.

Luego, el tren podía hacerse entre leales, sin inspección externa, poniendo su ejecución en manos de un mando de la Marina, que es hoy el secretario del ramo, escondiendo contratos y entregando la supervisión de la obra al hijo del presidente.

El tren se hizo como se había previsto: sin proyecto ejecutivo independiente, rápido, barato y sin inspección profesional. Con altos rendimientos políticos, eso sí, fue inaugurado dos veces, y económicos, gracias a sobrecostos en los que no hubo control ni rendición de cuentas, sólo reparto.

Echaron a andar el tren. Nadie vio que le faltaban velocímetros, ni sistemas de frenado automático y de control de velocidad

Días antes del accidente se reportó que las cejas de las ruedas de los vagones estaban desgastadas, que podían descarrilarse. Nadie corrigió.

Tres operadores sin licencia conducían el tren en el momento del accidente. Son ahora los responsables oficiales del siniestro, porque venían muy rápido. Su delito: homicidio imprudencial de 14 personas.

El Tren Interoceánico no ha cambiado nada estructuralmente con el accidente. Si no lo arreglan, tarde o temprano, se accidentará de nuevo.

Nació en la cabeza del mismo señor que dijo alguna vez que sacar petróleo no era difícil, pues era como meterle un popote al subsuelo.

¿De quién es el homicidio imprudencial? 


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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