Vemos a la Presidenta de México responder con enredos a hechos anticipados por la prensa, las redes o gobiernos, especialmente el de Estados Unidos.
Las mañaneras se han vuelto un stand de imprecisiones. De un lado, la Presidenta evita responder lo que le preguntan, con estribillos como “No tengo información” o “Ya se está investigando” o “Si tienen pruebas, que lo denuncien”.
Por otro lado, le da muchas vueltas a las cosas y termina añadiendo dudas más que aclarándolas. Fue el caso de las “camionetas del bienestar” de la nueva Suprema Corte, que la Presidenta justificó no como un gasto superfluo de 21 millones, sino como un ahorro de mil millones.
El enredo de la detención del canadiense acusado de narcotráfico fue mayúsculo. El director del FBI dijo que había sido capturado por la agencia en territorio mexicano. El gobierno de México dijo que el acusado se había entregado voluntariamente, por mediación de la seguridad mexicana. La embajada estadunidense se sumó a la versión mexicana al día siguiente, pero el abogado del canadiense, en California, dijo que fue aprehendido. Qué pasó realmente, no lo sabemos.
Desde el asalto de Trump sobre Caracas y la extracción de Maduro, el gobierno de México no sabe qué decir al respecto.
Lo mismo pasa con las amenazas de Trump de que atacará a los cárteles en tierra, ya sea en México, Colombia o Centroamérica.
Bloomberg dio la noticia de que Pemex había suspendido su último embarque de petróleo a Cuba. La Presidenta había dicho y repetido que mantendrá esos envíos por razones humanitarias y de tradición.
Pero ayer aceptó que Pemex tomaba decisiones soberanas y que el “ahora no” podía volverse mañana “ahora sí”, de donde resulta que Pemex es más soberano que la Presidenta.
Todos estos enredos de información no pueden resolverse cabalmente si no se aclaran los hechos y se dice la verdad.
Pero el gobierno mexicano vive un momento político complicado porque su verdad y sus convicciones no están bien vistas por su poderoso vecino.
Tiene entonces que disfrazar su desencuentro con el vecino, al mismo tiempo que está obligado a cumplirle. Y no puede salir al mundo a decir claramente lo que piensa, como hizo el primer ministro canadiense en Davos. Tampoco, al parecer, puede hacerlo en México.