Parece claro que la rodada autocrática de la llamada 4T, su dictadura germinal, pudo diluir en el espacio público a la oposición, incluida en ella los partidos políticos, el Poder Judicial y los órganos autónomos del Estado. También, la presión crítica de los medios de comunicación, de las redes empresariales y de la sociedad civil.
Nada hay, ni legal, ni político, ni institucional, que obligue al gobierno a rendir cuentas en prácticamente ninguno de los órdenes de su ejercicio.
Todo se lo saltan: negándolo, distorsionándolo, callándolo y, desde luego, no investigándolo; dejando que las críticas a sus fallas, y las fallas mismas, se desvanezcan en su propio ciclo de novedad, escándalo y olvido.
El espectáculo inesperado es que la rendición de cuentas y la oposición efectiva que hay son las que salen en tropel de la propia alianza que gobierna, hegemónica y dominante en el papel, pero fragmentada y facciosa en el día con día.
Se apartan los partidos satélites de la pieza que le falta al proyecto autocrático: la reforma electoral que acabará con los plurinominales y con la oposición toda, incluida la cómplice y cercana del Partido Verde y del PT.
Se multiplican los escándalos de autodenuncias impúdicas sobre el modus operandi tiránico, la corrupción endémica y los pleitos de callejón inherentes al obradorato.
Se precipitan las fisuras y fracturas internas mediante el desplazamiento de actores emblemáticos como Gertz Manero, Adán Augusto López o el delirante Marx Arriaga.
Se precipitan también las denuncias cruzadas de corrupción y traiciones dentro de la aldea hegemónica, como las que han cambiado Scherer Ibarra y Jesús Ramírez.
Y viene la prueba del ácido de la aldea hegemónica, que son los procesos de selección de candidatos para las elecciones de gobernadores, diputados y municipios de 2027, trance por excelencia de las fracturas internas.
Las elecciones son en año y medio, pero los pleitos dentro de Morena y sus aliados ya están en curso, como muestran los casos de Chihuahua y Zacatecas.
La alianza hegemónica, fuerte en el papel, parece fragmentada en los hechos de cada día, sin liderato claro, sin disciplina política y con menos dinero que en 2024.