Igualdad y libertad

Ciudad de México /

M+.- Igualdad y libertad son pasiones públicas en algún sentido inconciliables.

La libertad premia y crea diferencias, es el surtidor de lo diverso, no de lo igual. La igualdad repudia instintivamente las diferencias, sobre todo las diferencias que vuelven a unos más poderosos y ricos que a otros.

Pero las diferencias son la materia misma de la corriente de la vida, donde sólo hay igualdad biológica o social en cosas tan inalterables y previas como que todos los hombres son mortales.

Puestos a buscar el tipo de sociedad ideal que necesita el hombre, quizás habría que proponerse una sociedad de máximas libertades y mínimas desigualdades: sociedades con un piso de derechos y bienes semejantes para todos, y un techo de libertades sin techo, constreñidas sólo por derechos de terceros en un régimen de leyes que obligan a todos.

Creo que los regímenes políticos que han estado más cerca de este equilibrio en la historia moderna, son las socialdemocracias europeas de finales del XX y principios del XXI.

Han encontrado un límite a su éxito en el rechazo de los votantes, por algo será, y parecen ahora menos estables y menos apetecibles que hace veinte o treinta años.

Pero el piso de bienestar en que esas sociedades están paradas es firme, se los dio la socialdemocracia y, cambia poco con los cambios electorales, aunque resulte cada vez más difícil de financiar.

Estos son los regímenes que, a mi juicio, han procurado la máxima igualdad social posible, sin tocar las libertades fundamentales de sus ciudadanos, entre ellas, la de escoger democráticamente quién los gobierna.

Mientras la democracia esté vigente, está vigente la libertad ciudadana de escoger entre un tipo de gobierno y otro. Cuando la democracia está en riesgo, está en riesgo la libertad de las sociedades para escoger su destino político y para corregir sus propias decisiones electorales.

La libertad de elegir debe estar por encima de la voluntad de igualar, pero es la libertad de elegir la que está en riesgo en muchas partes, entre ellas México, sin que la capacidad de igualar haya mostrado eficacia duradera sino en sociedades económicamente libres.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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