No muy triunfal salió la Comisión Gómez de su primera entrega de texto sobre la reforma electoral. La propuesta fue zarandeada de varios modos, dentro y fuera de la reunión de Palacio Nacional, donde fue presentada a la Presidenta, los líderes morenistas del Congreso, y otros concurrentes de pro.
No sabemos lo que se dijo adentro, pero el texto madre salió desautorizado de la reunión, no como el opus magno que prometía la petulancia de la Comisión, sino como un borrador al que le faltan ajustes y negociaciones sustantivas.
Es un borrador inutilizable como materia prima de la iniciativa de ley, que debe completarse y votarse antes de junio.
El control del texto de la Comisión pasó a manos de los líderes del Congreso, para poner en él los cambios que quiere la Presidenta y los que resulten de las negociaciones con los aliados del oficialismo.
La Comisión tuvo un parto de los montes.
Los reparos venidos desde fuera del cónclave de Palacio, resultaron más explícitos y más claros.
De parte del PT se escuchó de plano la pregunta de si es necesaria esta reforma. El oficialismo tiene ya los tres poderes del Estado, dijo el vocero petista, y lo han conseguido todo con la ley electoral vigente, ¿para qué quieren otra?
Algo parecido se oyó desde las trincheras del Partido Verde: no votarán por una reforma que solo les ofrece pérdidas.
La propuesta de reducir plurinominales en el Congreso, uno de los ejes de la reforma, y de reducir financiamiento a los partidos, otros de los ejes, podría poner al PT y al Partido Verde en trance de desaparecer, o de volverse prescindibles para el dueño de la granja resultante, que sería Morena.
Piden entonces que les digan a cambio de qué van a votar por cortarse la cabeza y jibarizarse.
La Comisión redactora no parece haberlos sentado a la mesa una sola vez para hablar de negocios , para explicarles dónde estará para ellos la ganancia, que no se ve por ningún lado, en la reforma de marras.
La semana termina como si las cosas volvieran a empezar, con los líderes de Morena enviados a negociar con sus aliados y el texto madre de la Comisión puesto a esperar su revisión en la congeladora.