La reforma funeraria

Ciudad de México /

Mucho misterio, correcciones, aplazamientos y secretos hemos visto en torno a una reforma electoral que no tiene secreto ni misterio alguno.

Todo mundo sabe por qué está planteada, qué busca y qué pretende lograr. Unos lo dicen con claridad, otros lo callan por conveniencia. Pero todo el que entiende algo de esto sabe de qué se trata.

Los detalles son interesantes, pueden serlo, pero no alteran lo fundamental de la reforma que es fortalecer más, si cabe, el dominio del gobierno sobre las elecciones.

El gobierno dice que es para fortalecer la democracia, pero sabe bien que no. La oposición y los críticos dicen la verdad, pero su voz no cuenta en la cuenta del gobierno.

Los únicos votos y las únicas voces que cuentan, son los y las de los aliados del gobierno, el Partido del Trabajo (sic), y el Partido Verde Ecologista de México (sic, sic, sic). (Saludos, Monsiváis).

La reforma está tan torpemente planteada, desde el afán de concentrar el poder en Morena, que ha hecho correr a sus aliados.

Increíblemente, también los quiere diluir a ellos. No solo a la oposición, sino a los aliados del oficialismo. Si el Verde y el PT firmaran la reforma, desaparecerían del mapa en dos elecciones, porque viven de los plurinominales, y de la influencia que estos les dan en la coalición gobernante.

Es una influencia decisiva a la hora de hacer mayorías calificadas, suficientes para cambiar la Constitución. Y también a la hora de hacer trampas, durante las elecciones y después de las elecciones, a la hora de asignar curules que no se ganaron en las urnas.

El PT y el Verde son grandes cómplices, pero no para firmar su propia extinción. Esto también lo entiende todo el mundo.

Al parecer no lo entiende quien redactó la propuesta de reforma. En qué cabeza cabe que los aliados, por leales que sean, van a firmar su propia orden de extinción política.

Cabe en la cabeza de quienes redactaron la iniciativa una y otra y otra vez, sin acertar ninguna en el punto fundamental, que era complacer a sus aliados, en vez de pedirles que firmaran su decreto de muerte.

Misterios, esos sí, de una reforma funeraria. 


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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