Los dos estilos de pelear con México

Ciudad de México /

M+.- Otra vez el presidente Trump ha maltratado verbalmente a la presidenta Sheinbaum,  con el pero de siempre.

Dijo que es “una buena mujer”, pero “está muy asustada” por los cárteles, que “gobiernan México”.

Sara Carter, la responsable de la lucha contra las drogas del gobierno de Washington, asumió un tono ríspido también.

Dijo que hay cooperación entre los gobiernos, pero que el suyo quiere desmantelar las redes de grupos criminales de México “incluyendo a aquellos dentro del gobierno que se han vendido a los cárteles”.

Muy distintos fueron el tono y el tema del embajador americano en México, Ronald Johnson, en un comunicado que decía: “Autoridades estadunidenses en el valle del Río Grande capturaron y entregaron a un ciudadano mexicano buscado en México por prostitución de un menor y agresión sexual”.

El comunicado añade: “Durante la Administración del Presidente Trump, los Estados Unidos han transferido a México a 313 personas buscadas por la justicia”.

Lo que el embajador quiere decir, obviamente, es: “Nosotros hemos entregado a los que nos han pedido, entreguen ustedes a los que les estamos pidiendo”.

El estilo de Carter y de Trump es drástico y prepotente. El estilo del comunicado de Johnson es diplomático y puntual, casi administrativo.

Los dos estilos tienen el mismo propósito y la misma convicción: el gobierno de  México no está respondiendo a las exigencias de Washington, está cuidando a sus narcopolíticos, tratando de no verse avasallado por el vecino y de ganar tiempo, por si algo pasa y se debilita Trump.

Trump se ha debilitado en su aventura iraní, que pinta ya como una gran derrota. Podría debilitarse también en las elecciones intermedias de noviembre, si las pierde.

Mientras, México podría ganar la pausa del Mundial, sin que lo estén fastidiando con declaraciones tronantes desde Washington.

Más difícil de administrar es el estilo diplomático de la embajada que no emite sino mensajes de buena voluntad y logros comunes, pero tiene armada una mesa exigentísima, la del Bilateral Implementation Group, donde se auditan hechos concretos de colaboración entre los dos países.

Esa, me parece, es una aduana más difícil de pasar para el gobierno de México, que las declaraciones tremebundas de Allende el Bravo.

Es la verdadera aduana.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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