Maquiavelillo dominical

Ciudad de México /

Genio y figura.

El Presidente levantó un castigo ilegal, de alto peso simbólico, a la marcha del próximo domingo de la Marea Rosa, la movilización ciudadana que en los últimos meses ha llenado y desbordado el Zócalo, la plaza mayor de la ciudad.

Durante las anteriores marchas, el Presidente ordenó que no se izara en el Zócalo la bandera que se iza todos los días, ritualmente, en el lugar. Como negándole a los manifestantes su derecho a la bandera.

Concede ahora que la bandera se izará el domingo, favor con sombrero ajeno, porque para lo que no tenía sombrero era para prohibirlo.

Todo bien con la bandera, pero no.

Al tiempo que concedía el izamiento de la bandera, el maquiavelillo de Palacio urdía un pleito suyo con la CNTE, hermana violenta del SNTE, núcleo del sindicalismo magisterial.

Desencontrada con el Presidente, en litigio por su exigencia de un aumento del 100% de los salarios, la CNTE decidió establecer un plantón indefinido en el Zócalo, el espacio de manifestación de la Marea Rosa.

Se trata del regalo envenenado del Presidente a la manifestación de la Marea Rosa, luego de devolverle el derecho a la bandera. Ahora habrá en el Zócalo dos fuerzas políticas disputándose físicamente el lugar de la protesta.

Siniestra pero previsible maniobra de un Presidente cuyos niveles de simulación y trampas bajo la mesa rebasan todo lo que hemos conocido, en la modesta historia de maquiavelismos tropicales llamada política mexicana.

El Presidente alardeó alguna vez en sus mañaneras: Renuncio el día en que la oposición llene el Zócalo. Se lo han llenado tres veces y no ha renunciado tres.

El domingo será la cuarta. Y será un día clave.

En la mañana habrá la marcha de la Marea Rosa, ahora por la candidata presidencial Xóchitl Gálvez, en Ciudad de México y en otras ochenta ciudades del país.

También porque en la noche será el tercer y último debate presidencial, donde Gálvez puede ganar de nuevo, como ganó en el segundo.

El día de la elección se acerca y los electores empiezan a pensar realmente lo que van a hacer.

La cantidad de indecisos es enorme para los encuestadores serios.

Lo sabe nuestro maquiavelillo palaciego.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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