Medios y fines, la ética y la historia

Ciudad de México /
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M+ Regreso a Sartori y a su ensayo, glosado el martes en este espacio.

La historia de la izquierda y de la derecha en el mundo de las ideas y en la realidad, es un cruce loco de buenas intenciones fallidas y pasiones egoístas eficaces.

Siguiendo el dilema clásico de Weber sobre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad, la izquierda, nos dice Sartori, optó siempre por la ética dura de la convicción: la búsqueda de la liberación, justicia y la igualdad.

Sus fines fueron inobjetables, pero sus medios siniestros: la revolución, la dictadura, el estatismo corrupto y empobrecedor.

Los medios corrompieron los fines. De la ética de la igualdad y de la pretensión utópica de abolir las clases y las diferencias sociales, nacieron estados tiránicos, económica y humanamente ruinosos para todos.

El fracaso trágico de esta corrupción de medios y fines fue claro en el socialismo real del siglo XX y sufrió una derrota histórica en 1989, año de las reflexiones de Sartori que aquí he glosado.

Pocas veces en la historia una ética de la convicción, de los valores éticos indiscutibles, habrá traído tantos desastres al mundo como la ética de la izquierda revolucionaria, justiciera e igualadora del siglo XX.

Paradoja: las únicas sociedades que han salido de la pobreza, recuerda Sartori, en el sentido de que los pobres representan en ellas una minoría del orden del veinte por ciento, son las sociedades a las que la izquierda acusa de practicar una empobrecedora explotación capitalista y burguesa.

Por el contrario, las sociedades que la izquierda ha reconocido como propias, las sociedades de la hoz y el martillo, han continuado siendo sociedades de pobres o, en cualquier caso, sociedades en que las situaciones próximas a la miseria se han generalizado.

Recuerdo todo esto porque me parece pertinente para pensar lo que sucede en México, donde tenemos un gobierno de fines aceptables pero de medios deplorables, medios que corrompen lo buscado o producen el fruto contrario.

Tenemos un gobierno que admira y defiende, como si fuera su proyecto para México, lo que pasa en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua; tiranías empobrecedoras donde ya son deleznables por igual los medios y los fines. 


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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