Las relaciones de México y Estados Unidos han entrado a una fase de exigencias que no conocíamos. Se aceleran, por días, las presiones de Trump.
El documento público que certifica la nueva tendencia es el comunicado oficial estadunidense del 15 de enero, que resume lo tratado por los cancilleres de México y el de Estados Unidos, en una conversación que el mexicano tardó días en conseguir.
El resumen estadunidense de lo hablado dice:
“Estados Unidos dejó claro que el progreso gradual en encarar los desafíos de la seguridad fronteriza es inaceptable. Los siguientes compromisos bilaterales con México requerirán resultados concretos, verificables, en el desmantelamiento de redes narcoterroristas y en una disminución real del fentanilo”.
(The United States made clear that incremental progress in facing border security challenges is unacceptable. Upcoming bilateral engagements with Mexico will require concrete, verifiable outcomes to dismantle narcoterrorist networks and deliver a real reduction in fentanyl).
Lo que siguió a este comunicado ha sido un desfile de presiones y advertencias del gobierno estadunidense sobre la necesidad de su participación en el combate a los cárteles dentro de territorio mexicano.
No han detenido el desfile las buenas cuentas que el gobierno mexicano puede dar en materia de captura de capos, decomisos y destrucción de laboratorios. Ni siquiera el hecho, comprobable, de que las muertes por fentanilo en Estados Unidos han disminuido notablemente, en el orden de 44 por ciento, en los últimos dos años.
Washington quiere más, y la verdad es que México no tiene respuesta a su prisa. La presión ha llegado a la advertencia de que el espacio aéreo de la costa del Pacífico mexicana, con énfasis en el Golfo de Cortés y Mazatlán, puede ser interferido por operaciones militares estadunidenses en cualquier momento, durante los días que corren, hasta el 17 de marzo.
La prensa nacional y extranjera insiste en que el gobierno estadounidense pide la entrega de políticos de Morena cómplices del narco. Puede ser, y hay material de sobra.
Pero eso no es lo que plantean las presiones explícitas de Washington, sino lo que dice el comunicado del 15 de enero: “desmantelamiento de redes narcoterroristas” y “reducción real del fentanilo”.
Lo que yo entiendo es que Trump quiere tutelar la política de seguridad pública de México, como tutela ya a la encargada del gobierno de Caracas.