No dije eso

Ciudad de México /

La Presidenta Sheinbaum se refirió a mí en su mañanera del lunes pasado.

Hacía un recuento de las exageraciones de la crítica, que le daban risa, sobres las dificultades  por las que pasa su gobierno debido a la solicitud de extradición de Rocha Moya  y asociados.

Desplegaba su sorpresa ante esas críticas, con un toque de histrionismo que quizá debería utilizar más en el ejercicio de su oratoria.

Dijo que yo dije: “La Presidenta está en un terrible dilema: entrega a Rocha o habrá invasión”.

Pero yo no dije eso, lo que dije es que la petición estadunidense de extraditar a Rocha y asociados planteaba para la Presidenta un dilema moral. 

“El dilema moral que esta crisis plantea”, escribí, “es diabólicamente simple: ¿debe la Presidenta entregar a los narcopolíticos que le pide Washington o no debe entregarlos?

No hablé de invasión, no hablé de leyes, ni me erigí en juez de nada, simplemente enuncié el dilema moral que le plantea la petición de Washington a una Presidenta a la que le gusta  tanto hablar de moral, de “humanismo mexicano”, de “honestidad”, de la corrupción de los otros y de los principios morales de los suyos: “No mentir, no robar, no traicionar al pueblo”. (Sic).

Resumí luego, con mis propias palabras, tres formas distintas de enunciar el mismo dilema, que había leído en la prensa del día anterior.

Cito:

“1. La Presidenta puede responder al desafío como “Jefa de Partido”, protegiendo a los narcopolíticos de Morena, o como “Jefa de Estado”, procediendo contra ellos.

“2. Puede  usar la “soberanía nacional” como un escudo para proteger a criminales mexicanos de injerencias extranjeras, o puede ejercer la soberanía nacional para combatir al crimen con todos los recursos a su alcance, incluida la injerencia extranjera extraordinaria que la soberanía necesite.

“3. Puede  actuar como  una presidenta subalterna sometida a la defensa de la herencia criminal recibida, o como una presidenta titular, que toma las riendas de su cargo para corregir esa herencia ruinosa, que desangra el cuerpo y corrompe el alma del país”. (Milenio, 1/5/26)

Eso es lo que dije. Y lo sigodiciendo. 

  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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