M+.- En la memoria histórica de los mexicanos están desdibujados tres siglos del nacimiento de la nación.
Son los siglos posteriores a la caída de Tenochtitlán, los siglos de la Nueva España, también llamados de la Colonia o del Virreinato, los siglos cocineros de lo que hoy llamamos México.
Como la de todos los pueblos, nuestra historia es la mezcla de lo que realmente sucedió y lo que aprendimos en la escuela; en México, mediante los libros de texto obligatorios, que llevan cien años en manos de élites y gobiernos que ignoran los siglos de la influencia novohispana en el cocimiento lento y loco del lento y loco país que hoy llamamos México.
Particularmente falsa es la idea que tenemos de un país brotado heroicamente, de la nada, un 16 de septiembre de 1810, con la rebelión fracasada de un cura iluminado, luego arrepentido, llamado Miguel Hidalgo.
Esa fecha elegida diluye, niega, los siglos previos de nuestra cocción nacional:
El siglo XVI del bautizo de la Nueva España y de la expansión territorial y espiritual del dominio español, compartido con el mundo indígena y con el invisibilizado mundo afroamericano
El siglo XVII, de la Gran Depresión novohispana, por la catástrofe demográfica de las epidemias de viruela, que se llevaron a la mayor parte de la población autóctona del territorio.
Y el incipiente resplandor del siglo XVIII novohispano, siglo de gobierno estable y prósperos enclaves mineros y agrícolas, que tuvieron un final sangriento en la rebelión del cura de Dolores que celebramos cada año.
No hay historiador serio de la historia de México que no haya puesto su acento en el poder formativo de la Nueva España para la nación que llamamos México.
Acaba de salir un libro que recoge aquella riqueza con erudición profunda y elocuencia a la vez rigurosa y risueña.
Es el libro de Úrsula Camba, a cuyo estudio sobre Malintzin ya me referí aquí mismo.
El libro se llama Ecos de Nueva España. Imitaré mañana a Gil Gamés en su agradecible decisión de publicar subrayados de los buenos libros que ha leído.
Mañana, aquí, subrayados de la introducción de Úrsula Camba a Ecos de Nueva España.