PISA y la ceguera educativa de México

Ciudad de México /
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M+.- Las mediciones de la OCDE sobre la educación mundial, la prueba PISA de 2025 a estudiantes de 15 años, muestra una caída notoria en los rendimientos de las escuelas mexicanas.

Los argumentos tropicales de que la prueba PISA no toma en consideración las condiciones de cada país son ridículas.

La prueba mide conocimientos en matemáticas, en ciencias y en comprensión de lectura. Son mediciones de conocimientos y habilidades comparables en todas partes del mundo, pues en todas partes las matemáticas y las ciencias son iguales, y la comprensión de lectura es un hecho medible.

Quizá la noticia peor para México no está en los resultados negativos de PISA, sino en que el país carece de su propia medición de lo que pasa.

En 2019, el gobierno de México puso fin a la medición especializada que tenía, al desaparecer el INEE, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, organismo autónomo cuyas funciones asignó luego a una dependencia burocrática, la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación: Mejoredu.

Las mediciones de Mejoredu nunca se hicieron públicas, salvo por filtraciones de prensa, que mostraron empeoramientos prácticamente en todos los indicadores.

Entre 80 y 90% de los estudiantes de tercero de secundaria, por ejemplo, presentaban deficiencias de aprendizaje. Es lo que mostró PISA 2025.

En 2025 cerraron también Mejoredu y eliminaron los portales de las mediciones antiguas del INEE, dejando al país a ciegas sobre la calidad de su educación.

Renunciar a la evaluación educativa en el fondo es renunciar a la educación, pues no hay forma de medir qué se enseña y qué se aprende sino evaluando a maestros y alumnos.

El gobierno carece de una evaluación educativa propia con la cual establecer un diálogo serio, de frente a su sociedad, con los resultados de PISA.

El gobierno tiene reconcomios y tropicalismos, frente a los números de PISA, no información cabal.

Y este es quizá el mayor daño público que padecemos en la materia: andar a ciegas voluntariamente, jugando a las escondidillas con el patrimonio educativo de la nación. 


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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