Poder y delito

Ciudad de México /

La crisis del gobierno de México tiene muchas caras, pero quizá puedan ceñirse a dos: credibilidad y legitimidad.

El relato del obradorismo, poderoso como fue, vuela por los aires.

Dijeron que querían separar al poder político del poder económico, con lo cual hundieron la economía, y empeoraron la política.

Ahora tienen que separar al poder político del poder criminal, como dice Ana Laura Magaloni, pero no pueden hacerlo, porque son la misma cosa en demasiados gobiernos del país.

El relato y su credibilidad cambiaron de banda. Pasaron, como leí en un tuit, “ de la mafia en el poder a el poder a la mafia” (@cuartodepaz).

La colusión del poder político y del poder criminal en Sinaloa explica cómo y para qué López Obrador fusionó política y delito.

La línea de fondo es electoral. Nunca un gobierno había usado tanto a las redes criminales para robar elecciones, desaparecer candidatos y precandidatos, paralizar opositores, inventar votos y controlar el día de la votación.

¿A cambio de qué? A cambio de protección para los mafiosos, de impunidad y colaboración para sus crímenes, de persecución a sus rivales, de candidaturas para ellos en la contienda y de puestos en el gobierno ganador.

Sin esa mezcla orgánica de política y delito, sin esa participación directa del crimen, las elecciones de 2021 y 2024 habrían sido otra cosa, arrojado otros números, definido otro mapa de ganadores y perdedores.

Tendríamos un poder político cuantitativa y cualitativamente distinto, más ajustado a la voluntad de los ciudadanos, más equilibrado, más democrático.

Y más legítimo.

Esto último es clave. Dada la colusión de poder y delito en las elecciones de 2021 y 2024, habrá que volver a ellas, medir el tamaño del piso criminal inherente a los resultados, y la ilegitimidad de los ganadores.

La fusión de poder y delito no es cosa del pasado. Es nuestro presente. Explica las mayorías que le permitieron a la 4T cambiar leyes fundamentales y poner al país en la antesala de una dictadura constitucional.

La fusión de poder y delito es la vida diaria de muchos gobiernos locales. Es la trama de gobernanza criminal que se ha extendido como una epidemia sobre México.

Es nuestra verdadera tragedia democrática.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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