Me parece escandalosa la falta de reflejos opositores de la oposición partidaria ante la nueva edición de ilegalidad electoral que se propone Morena.
Me refiero a los anuncios hechos en el Congreso sobre los actos anticipados de campaña en que Morena incurrirá, a partir de junio, cuando empiece a nombrar a los “coordinadores de la defensa de la 4T”, que serán luego sus candidatos a gobernadores, diputados y alcaldes.
Legalmente, las precampañas electorales para 2027, empiezan en diciembre. Las campañas propiamente dichas, en marzo. Durante las precampañas, los partidos hacen la contienda interna por sus candidaturas. Hasta marzo empiezan las campañas.
La designación de “coordinadores” para todos los puestos de elección popular que Morena hará a partir de junio, adelanta su movilización electoral ocho meses respecto de la fecha legal de inicio de las campañas, en marzo de 2027.
Morena le pone la palabrita “coordinadores” a los que después serán sus candidatos y los echa a placearse por el país, en una evidente campaña adelantada.
No hay un tribunal electoral que juzgue esto como lo que es, una maniobra para saltarse la ley, porque los tribunales electorales son propiedad de Morena y de su gobierno.
Pero tampoco hay en la oposición partidaria, y este es mi alegato, una revulsión contra la maniobra ilegal de Morena; la misma maniobra, por cierto, que les recetaron en 2024 con el destape adelantado de las “corcholatas” presidenciales.
¿De veras no aprendieron nada de aquella maniobra? ¿De veras van a permitir que les repitan la dosis sin hacer un escándalo?
¿Qué estaría haciendo Morena si estuviera en la oposición, si fuera la oposición de Morena? Estaría haciendo lo que hizo siempre: portarse como oposición encarnizada, no dejar pasar nada sin una estridencia, sin una movilización, sin un sainete.
Morena tuvo siempre lo que le falta a la oposición de Morena: tono opositor, oportunismo opositor, sectarismo opositor, desafío opositor, cinismo opositor, desfachatez opositora.
Suenan muy duras las actitudes políticas del párrafo anterior, pero no son en realidad sino el piso donde ha de estar parada toda oposición política, efectiva, que no acude a la política para portarse bien, sino para competir por el poder.