Scherer Ibarra en su propio espejo

Ciudad de México /

El personaje mayor de Ni venganza ni perdón es el ex presidente López Obrador: un jefe frío, temido, rodeado del silencio de sus colaboradores, ignorante de los números, de la ley y de la realidad, atento solo a los chispazos de su voluntad, guiado solo por ella.

El segundo personaje del libro es el propio Scherer Ibarra que, para empezar, deja muy claro quiénes fueron sus enemigos en aquel gobierno-monólogo.

Estelarmente:

Manuel Bartlett, por su dirección prehistórica de la Comisión Federal de Electricidad, y el uso de su influencia para alimentar el medro familiar.

Jesús Ramírez Cuevas, por su manejo corrupto del oído y de la comunicación presidenciales, y por haber acercado al rey del huachicol fiscal a las campañas de Morena, aunque esto no lo dice Scherer en el libro, sino en un anexo sin autoría específica, que no firman él ni su coautor, Jorge Fernández Menéndez.

Adán Augusto López, pionero de la ilegalidad en la obra pública y primer espada en la ejecución inescrupulosa de los mandatos de Palacio.

Hugo López-Gatell, en quien Scherer descarga toda la responsabilidad por el criminal manejo de la pandemia, absolviendo con ello al jefe del gobierno mismo, quien puso y sostuvo a López-Gatell contra viento y marea, acaso con la idea de que en aquel desaguisado alguien más respondiera por los daños y no él.

Alejandro Gertz Manero, a quien Scherer culpa de las denuncias sobre su propia corrupción en varios casos conocidos, y sobre su juego ganancioso en los circuitos judiciales del gobierno de López Obrador.

Quedan claros estos y otros enemigos de Scherer Ibarra en el gobierno al que perteneció, como Olga Sánchez Cordero, Martí Batres o Raquel Buenrostro.

Pero, conforme Scherer Ibarra cuenta y ataca a sus enemigos, va quedando clara también su propia figura en el tablero, la figura de un consejero jurídico dispuesto a ignorar la ilegalidad de los encargos presidenciales, a esconderla en tramposas redacciones jurídicas o a venderla con “política”: cabildeos, astucias, acuerdos, cortejos y amenazas.

Los dos personajes mayores de Ni venganza ni perdón acaban siendo el dueño del reino y su diligente cortesano jurídico.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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