Sobre la miseria de culpar al cartero

Ciudad de México /

No sé qué caso sembró el dicho “fue el cartero” para hablar de altas corruptelas del gobierno que terminan siendo imputadas a funcionarios menores, a inermes chivos expiatorios.

Supongo que el dicho viene de algún caso escandaloso de corrupción que hubo en el correo, donde se terminó encontrando como responsable de caudalosos desvíos al último eslabón de responsabilidad burocrática de la dependencia: el indefenso y modesto cartero.

Recordé el dicho cuando leí que la Fiscalía General de la República encontró responsables del accidente del Tren Interoceánico del 28 de diciembre pasado a tres “carteros” de la empresa: el maquinista, el despachador y el conductor, tres chivos expiatorios ad hoc, inermes, para la tragedia.

La tragedia del 28 de diciembre fue producto de una cadena de responsabilidades mucho más altas, que incluye a los planeadores y a los constructores del Tren Interoceánico, autores de una obra con fallas de ejecución tan evidentes que no podían sino producir, en algún momento, un accidente como el de aquel día, con saldo de 14 muertos y más de 100 heridos.

Después de mucho investigar, la Fiscalía llegó a la conclusión que tuvo desde antes de haber investigado, desde el primer día: el accidente se debió a un exceso de velocidad del tren, hecho atribuible al maquinista, al conductor y al despachador.

No al diseño del tren, que carecía del aditamento normal de los trenes modernos para regular su propia velocidad, sino a los tres carteros del caso, que se desplazaban alegremente sobre las vías, poniendo en riesgo sus propias vidas.

La Fiscalía llegó a la misma miserable conclusión que el periodismo de mis épocas resumía con el dicho “fue el cartero”. Caso cerrado, y a otra cosa.

Es así, mediante la miserable lógica política de culpar al cartero, como están presos hoy Ricardo Mendoza, jefe de despacho del Tren Interoceánico, y Felipe Díaz, el conductor, mientras que Emilio Erasmo Canteros, el maquinista, anda prófugo, pues tuvo la precaución de no confiar en la justicia.

Pongo aquí sus nombres con el afán de subrayar que están siendo víctimas de la miserable lógica penal mexicana de culpar al cartero, tradición que implica una doble ofensa a la justicia: encarcela inocentes y libera culpables. 


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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