M+.- No veo a Morena corriendo tras las palabras de su presidenta Claudia Sheinbaum en defensa de la soberanía. No veo moverse al movimiento en defensa de la Presidenta y de su defensa de Andy López Beltrán.
No veo manifestaciones frente a la embajada respaldando la carta de Andy, exigiendo la renuncia de Rubio y de Landau por su proceder hitleriano de cancelarle la visa a Andy.
No veo al morenismo gritándole al embajador Johnson que con México no se juega, que en México sólo manda el Pueblo con mayúscula del que habla la Presidenta. No veo al Pueblo indignado, movilizado, ofendido, porque el gabacho lo quiera gobernar.
El silencio morenista respecto de la batalla presidencial por la soberanía es estruendoso entre los congresistas de ese partido. No hay diputado o senador de fuste que haya salido a decirle sus verdades a Trump, a Rubio y a Landau, como se las dijo Andy, como las insinúa la Presidenta.
Tampoco se ve a los gobernadores de Morena batiéndose en la plaza pública, o en los medios, en apoyo de la soberanía contra el injerencismo americano que denuncia la Presidenta.
El nacionalismo morenista anda volando bajo. Su espíritu combativo, también. El ánimo patrio les alcanza a los morenistas sólo para publicar desplegados que invitan a no ser leídos. Pero desplegado no es movilización, no es Pueblo en marcha, movido por las palabras de su Presidenta, en defensa de la soberanía del país.
En la batalla por la soberanía a que los convoca la presidenta Sheinbaum, los morenistas renuncian a ocupar y violentar la calle, una especialidad de su ascenso al poder. Se han olvidado de la calle. Quizá porque ahora son puro gobierno, movido por el cálculo, no por alegatos principistas, como el de que Andy representa la soberanía.
Morena aparte, por ningún lado asoma tampoco la aprobación de 60-70 por ciento de la presidenta Sheinbaum en las encuestas. Quizá porque la aprobación en las encuestas no es popularidad real, no es liderato efectivo. Es una aprobación floja a la hora de la batalla política que la Presidenta quiere dar por lo que llama soberanía. Puesto todo junto: hay una solitaria en Palacio.