M+ La presidenta Sheinbaum propone en su discurso que México enfrenta el dilema de someterse a la injerencia extranjera o defender su soberanía.
La Presidenta le endosa al país, en gran formato, su dilema político presidencial: someterse a las presiones de Washington o someterse a las exigencias de Palenque.
Las presiones de Washington son públicas y, en ese sentido, transparentes. Washington quiere que el gobierno de México entregue narcopolíticos, ya no sólo capos del narco, y ha hecho su primera petición de entrega, sólo una hasta ahora: Rocha Moya y coacusados sinaloenses.
Las exigencias de López Obrador no son públicas, ni transparentes, pero se dejan sentir con claridad en la conducta de la Presidenta.
Podemos deducir esas exigencias, no conocerlas en detalle. Es claro que se conectan, umbilicalmente, a la petición de que la Presidenta no entregue a Rocha Moya, porque la entrega de Rocha Moya puede conducir a la imputación de López Obrador como el narcopolítico mayor de su propio sexenio.
Rocha Moya se ha defendido sugiriendo que si lo entregan a él, no caerá solo. Todo el mundo ha leído eso como una advertencia de que denunciará como su jefe al habitante de Palenque.
Las exigencias de Palenque para la Presidenta deben tener la misma lógica: si la Presidenta entrega a Rocha Moya y Rocha Moya a López Obrador, éste último revelará que hubo narcopolítica en la elección de Sheinbaum y volteará contra ella todo lo que conserva de poder, tanto en Morena como en el gobierno de la propia Sheinbaum.
Consecuencias para Sheinbaum: ilegitimidad e ingobernabilidad.
La Presidenta, desde luego, no quiere ni puede pagar ese precio. Ha optado entonces por ceder a las exigencias de Palenque, rechazando con un discurso soberanista las presiones de Washington.
Esto le permite ganar tiempo, aunque la contradicción política y moral de fondo sigue ahí: defiende la soberanía defendiendo a delincuentes. Como si Rocha y coacusados pudieran ser nuestros narco Niños Héroes.
Washington decidirá si mantiene o escala su presión con el caso Rocha Moya, si actúa unilateralmente contra él, o si pide la entrega de otros Rochas.
El hecho político duro es que la Presidenta no tiene soberanía real ni frente a Washington ni frente a Palenque.