Pasan los días, las horas, y se hacen más claros, más oscuros, los riesgos del ataque a Irán, la diversidad de sus posibles consecuencias.
El día de ayer creció en los observadores la preocupación por el cierre del tráfico petrolero a través del golfo y del estrecho de Ormuz, no porque Irán lo esté impidiendo, porque pueda bombardear los barcos cargueros, sino porque las aseguradoras de riesgos marítimos de guerra, encabezadas por Lloyd's , en Londres, están negando el pago de coberturas para quienes naveguen por el Golfo en las condiciones de incertidumbre actual.
El tráfico por el golfo de Ormuz se ha detenido, es la quinta parte de la oferta petrolífera mundial, y los precios futuros del petróleo se han disparado un 16 por ciento en dos días.
El efecto inflacionario que esas alzas pueden tener sobre la economía mundial, disparando también los precios de todo lo vinculado al uso de petrolíferos, hizo sonar una fuerte alarma en el cuarto de guerra del presidente Trump, gran jefe de la aventura.
Trump salió a garantizar a todos los barcos detenidos en el golfo de Ormuz y, en general, a los afectados por las secuelas del ataque a Irán, que Estados Unidos asegurará lo que las aseguradoras globales se niegan a cubrir.
Procedió a emitir entonces una de las órdenes presidenciales más desatinadas o irreales que puedan imaginarse.
Esta:
“Con efecto inmediato, he ordenado a la Development Financial Corporation de los Estados Unidos (DFC) que proporcione, a un precio muy razonable, seguros y garantías contra riesgos políticos para la seguridad financiera de todo el comercio marítimo, especialmente el energético, que transita por el Golfo. Esto estará disponible para todas las líneas navieras”.
No hay un solo experto, y hay muchos disponibles en X, antes Twitter, que piense que esta orden puede cumplirse, ni de inmediato, ni de tardado.
Para poner un símil local, se parece a las órdenes de los gobiernos de la llamada 4T mandando reponer el desabasto de medicinas provocado por ellos, primero comprándolas a través de la ONU, luego poniendo una Megafarmacia, ahora llevando a las casas las farmacias del bienestar.
Las aseguradoras globales están resultando más peligrosas para la operación Furia Épica que los misiles iraníes.