M+ Cuando el río suena, agua lleva, dice el saber del idioma.
Rafael Pérez Gay me recuerda un dicho paralelo del gran novelista argentino Tomás Eloy Martínez, gran periodista por más señas: “El rumor es la precaución que toma la verdad antes de convertirse en realidad”.
Muy cargado va el río de las investigaciones abiertas en Estados Unidos sobre políticos de Morena asociados al crimen, incluidos, dice el rumor, López Obrador y sus hijos.
Muchas precauciones se ha tomado la verdad emitiendo rumores de prensa antes de echarse cabalmente al río y aparecerse con toda su dureza en el espacio público.
Hay solo un tronco grande fluyendo en el río, el tronco de los Diez de Sinaloa, que el gobierno se empeña en no ver, pero que flota ostensiblemente por el río, enorme
y podrido.
A este tronco grande se suman rumores y desechos diversos, políticos sin visa, gobernadores con nutridos equipos que esperan ser echados al río, los hijos del expresidente López Obrador y el expresidente mismo, que son el sonido más fuerte de la riada.
El Mundial de futbol da una pausa de fiesta al sonido del río, pero la verdad es que la corriente no cesa, los rumores crecen filtración tras filtración, las pandillas investigadas son cada vez más precisas, van apareciendo sus nombres y sus cargos, y también cómplices que huyen del río, listos para negociar con los acusadores y salvar el pellejo.
El hecho es que el río va cargado y no deja de sonar, su sonido ya es parte de la realidad política porque es un sonido que dice su propia verdad, a saber: nunca la corrupción de la política mexicana había sido investigada como nos dice el río que la investigan en Estados Unidos.
Nunca había estado un gobierno mexicano contra la pared defendiendo a sus miembros para que no sean llevados a la justicia fuera de México.
Nunca nadie había reunido tantas pruebas sobre los vínculos de la política y el crimen en nuestro país como las agencias estadunidenses que investigan al pasado gobierno de México, que el actual ha decidido cargar.
Va cargado el río.