Falta todo por ocurrir en Venezuela, en especial lo inesperado.
Pero el hecho es que, a la hora de escribir este artículo, en medio de una calma insólita, luego del insólito secuestro de Maduro, todo parece haber vuelto a la calma y a la institucionalidad en Caracas.
Una calma tan asombrosa y una institucionalidad tan hueca, que suscitan en todas partes versiones de que el secuestro de Maduro fue pactado, y de que quienes se reparten hoy el gobierno sobre su ausencia, son quienes lo entregaron a los Estados Unidos, en una operación quirúrgica y unilateral. Tanto, que no dejó en el campo de fuego ningún muerto americano y sí, reconocidos hasta ahora, a 32 miembros de la seguridad cubana y a 17 venezolanos que formaban la guardia pretoriana de Maduro.
El presidente Trump dijo el mismo día que sí, que habían muerto cubanos, a lot of them, y que estaban ya en pláticas con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien estaba dispuesta a hacer lo que le pidieran.
La vicepresidenta no confirmó lo dicho por Trump, sino que salió dando reparos, exigiendo la liberación de Maduro y denunciando la barbarie imperialista de su secuestro.
Trump la dejó flotar un día, pero al siguiente la amenazó con un destino peor que el de Maduro, y reiteró su proyecto para Venezuela: no una transición democrática, sino una transición dictatorial bajo tutelaje americano, al estilo del viejo imperialismo expansionista de Washington.
Poco tardó Delcy Rodríguez en responder a Trump con un discurso formal de desaforada entrega. Su gobierno, dijo, quería “avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre Estados Unidos y Venezuela”.
Y extendía “la invitación al gobierno de los Estados Unidos a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y que fortalezca una convivencia comunitaria duradera”.
Dijo esto un día después de la extracción de Maduro y minutos después de la advertencia de Trump en el sentido de que a ella le iría peor si no hacía lo que se le indicaba.
Se diría que todo está dicho y pactado, falta la realidad.