Carta a Eros

  • Psi y que
  • Héctor Cerezo Huerta

México /

Estimado Eros:

Hay cartas de amor y cartas al amor. Yo te escribo la segunda. No sé si el género epistolar te agrade y tampoco creo que, al leerla, tu mirada se inunde de corazoncitos retozones. Debes saber que tu creación, el "amor", se ha convertido en un producto de consumo masivo que se puede tomar del estante del supermercado de la vida y al que podemos conseguir por oferta y demanda, desechar o devolver si huele a compromiso, crisis e intimidad. Como verás, a cada generación le gusta reconocerse y sostener su identidad en una figura mitológica que simbolice las tensiones históricas del momento. Lamento decirte que no somos Edipo, Prometeo, Fausto o Sísifo. Somos unos vulgares Narcisos. Como afirma Lipovetsky (2006), constituimos una especie de mutación antropológica, hedonista, impregnada de individualismo y emancipada de cualquier marco crítico, reflexivo y trascendental.

Bien sabes que ocasionalmente tú y yo tenemos nuestros amoríos, pero que jamás he sido proclive a respetar dogmáticamente tus mandamientos románticos gracias a la influencia de tu pareja: Psique. Ayer lograste un triunfo marketero. Se vendió el 33 por ciento de todo el abasto de condones que se consumen en el país (42 millones de unidades) y se registró un incremento del 37 por ciento en las ventas de restaurantes, florerías, chocolates, ropa, vinos y licores, gadgets, artículos electrónicos, joyería y celulares (Inegi, 2016 y Censida, 2017). Más del 64 por ciento de los mexicanos que tienen entre 21 y 40 años de edad celebraron esta fecha y gastaron de 700 a 900 pesos por persona, cantidad que incluyó, la obligatoria compra de un fetiche a la víctima en turno (Encuesta sobre hábitos de consumo, Canacope, 2016). No me jodas Eros ¿Día del Amor?, más bien "Día del destape sentimental y oda al consumismo". Debes estar orgulloso de tus fanáticos y mercadólogos, pues ya no "compran y venden"; satisfacen y crean necesidades artificiales y, por la misma razón, el exceso en los bienes de consumo nunca será suficiente. En economía del conocimiento ya podemos hablar de un consumidor amoroso, ese que busca "experiencias" o esas románticas empedernidas que besan sapos con la esperanza de hallar al príncipe cianótico perfecto: sano, joven, sexualmente potente, tierno, guapo, inteligente, sensible, viril, culto y claro; rico. ¡Qué buena jugada para legitimar las violencias amorosas Eros!

Cuando Erich Fromm (2000) te escribió una carta similar en "El arte de amar", ya advertía que el anhelo de enamorarse es muy común, pero que en realidad el amor es un fenómeno relativamente infrecuente en las sociedades actuales. No creo que haya reconciliación entre nosotros Eros, pero sí debo agradecerle a una de tus creaciones llamada Sandra, que amar es quizás la solución más problemática que existe, pero sin duda es la más sublime expresión de inmutabilidad de los afectos y que pretender cambiar al otro abanderando al amor, oculta la semilla del fanatismo. Gracias por jamás intentar "cambiarme" y por mostrarme que la perfección de adentro produce la perfección de afuera, la primera se llama bondad, la segunda se llama belleza.

Twitter: @HectorCerezoH

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