La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es un actor político complejo, polémico y poderoso, todo a la vez. Aprehenderlo en su totalidad resulta difícil al grado que muchos otros actores en la esfera pública, incluidos célebres periodistas, prefieren la simplificación y la estigmatización; para ellos la CNTE es una bola de vándalos y delincuentes, calificar así les resuelve el mundo y les hace sencillo el análisis, pero es una lástima que no intenten ir más allá.
Sobre todo porque vivimos los comienzos de un nuevo régimen político donde los actores están en un cambio acelerado. Basta contrastar las expresiones del presidente Andrés Manuel López Obrador acerca de los maestros con el discurso que prevaleció en los últimos tres sexenios para percibirlo.
Durante este siglo, la CNTE fue deslegitimado como actor político por medios de comunicación masivos y destacados personajes del priismo y el panismo —y hasta por algunos intelectuales y politólogos desconcertados por un movimiento que no se sometía a las reglas del juego de la política tradicional, sino que a veces se comporta como un movimiento antisistémico.
Entender esa característica no implica ignorar los excesos de integrantes de la CNTE ni los cometidos por el poder en su contra, se trata por el contrario de leer la realidad y comprenderla, lo que resulta complicado cuando el pensamiento analítico se sustituye por el insulto y el reduccionismo político.
El sociólogo francés Alain Touraine sostiene que con el advenimiento del capitalismo financiero se volvieron inservibles las construcciones sociales del pasado, por eso se requiere desarrollar nuevas herramientas analíticas para entender la realidad.
La CNTE nace en 1979 como oposición al cacicazgo en el sindicato magisterial y como fruto de una unión de maestros provenientes de diversos movimientos sociales, en la época de las llamadas coordinadoras de masas: CNPA, Conamup y Cosina (coordinadoras Nacional Plan de Ayala, Nacional del Movimiento Urbano Popular y Sindical Nacional).
Un ala de la Coordinadora siempre se inclinó por el radicalismo, a fin de cuentas entre sus filas se cuentan también discípulos de Genaro Vázquez y la guerrillera Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, sin embargo, aprendió a presionar y obtener recursos y concesiones que la llevaron a controlar el aparato burocrático de la educación en Oaxaca y Chiapas casi por completo.
Con el nacionalismo y la defensa de la educación popular como ejes, la CNTE resistió embates de sucesivos gobiernos durante 40 años y hasta puede decirse que su historia es paralela y de resistencia a la implantación del neoliberalismo, en un camino donde hubo prisión y muerte para varios de sus líderes.
Con amplia presencia en el centro y sur de la país, sin embargo, siempre fueron la disidencia, la parte minoritaria del sindicato más grande de Latinoamérica.
Ahora se topan con un escenario donde son reivindicados y desde el Presidente hasta el Congreso les conceden todo lo que piden y, a pesar de ello, persisten en bloqueos y manifestaciones —es lo que saben hacer—. Están tan desconcertados con esta nueva época como lo están los analistas frente a la misma CNTE.
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