Afinidades Selectivas

La estocada final contra la OEA

Héctor Zamarrón

El amplio palacio situado en la calle 18, en pleno Mall, casi frente al Obelisco de Washington D.C., recibe al visitante con sus impecables paredes, brillantes pisos y su patio estilo colonial. Con sus flores, palmeras, árboles de caucho, café y cacao, arrullados por una fuente de mármol, la sensación al entrar es tan agradable que por un momento uno pareciera llegar a una mansión colonial de La Habana o Caracas, pero no, se trata del edificio donde desde 2015 despacha el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y donde permanecerá en el cargo hasta 2025, aunque a partir de este fin de semana su posición se ha vuelto irrelevante y el tiempo que le resta se dedique a rumiar inquinas.

Almagro no es querido por el gobierno de México, un gobierno que marcó sus diferencias desde que intentó frenar su reelección en la OEA en marzo de 2020 y que el sábado pasado decidió consumar la faena con una estocada final que le propinó el propio presidente Andrés Manuel López Obrador.

La fecha fue elegida sin desperdicio: el aniversario del natalicio del libertador Simón Bolívar, frente a cancilleres de Latinoamérica y el Caribe. 

Tras un recuento histórico, López Obrador le dio una instrucción clara al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard: “No debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto, en asuntos de derechos humanos y de democracia”.

Las diferencias con Almagro y la OEA vienen de más atrás, cuando en marzo del 2020 fracasó la iniciativa de López Obrador para impedir la reelección del diplomático uruguayo y llevar a la Secretaría General a la diplomática ecuatoriana María Fernanda Espinosa.

Ebrard cruzó lanzas desde entonces con Almagro. Su gestión, dijo, “ha sido un apostolado para dividirnos, y de por sí la reelección no nos gusta. ¿Nos vamos a conformar con lo que hoy tenemos? Nosotros no”.

En esa ocasión, la embajadora Luz Elena Baños Rivas, representante de México ante la OEA, calificó de lamentable la reelección.  

Meses más tarde, en octubre del mismo año, tras la victoria electoral del Movimiento al Socialismo en Bolivia y la derrota de la golpista Jeanine Áñez, el subsecretario para América Latina, Maximiliano Reyes, tronó contra Almagro desde la tribuna de la 50 asamblea de la OEA:

“México sugiere al señor Luis Almagro someterse a un proceso de autocrítica a partir de sus acciones en contra de la Carta de la OEA y por lastimar la democracia de Bolivia, para determinar si aún cuenta con la autoridad moral necesaria para encabezar esta organización. Lo que ocurrió en Bolivia no debe repetirse jamás”.

¿Para qué sirve la OEA? Además, claro, de legitimar la política internacional de Estados Unidos y permitir que Luis Almagro se perpetúe en el poder. El uruguayo ha dedicado su gestión entera a respaldar los intentos golpistas de Guaidó y de los halcones del Capitolio por derrocar al gobierno de Venezuela.

Sin México ¿qué será de la OEA?


Héctor Zamarrón

hector.zamarron@milenio.com

Twitter: @hzamarron


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