Una triste consecuencia del encono y divisionismo en el que México padece su vida civil en estos tiempos es una regresión a lo que podemos llamar primitivismo binario.
No necesito detallar mucho a qué me refiero, pero sí tengo que decir que para contrarrestar mi tendencia a contemplar el mundo desde un rincón amargoso, la vía sencilla pasa por hacerle cosquillas a mi par de neuronas con una conversación rica, con ideas interesantes, con desafíos mentales.
Huelga decir que durante casi todo este año cuyo final está cerca me la pasé mucho tiempo enconchado, porque las rutas del diálogo estuvieron invadidas por ese primitivismo binario al que hice mención. Esto fue particularmente cierto en las redes sociales, y alcanzó su punto culminante en Facebook. Recuerdo con un suspiro que uno de esos gurús de las redes dijo que Facebook es como una fiesta. Le tengo nuevas: en México, Facebook fue como una fiesta.
Súmese a lo anterior la tormenta de epítetos de que se llenaron los canales. Los comentarios de Facebook rezumaron palabrotas. La tripa se expresó de manera gritona, muchas veces con un lenguaje soez y cada vez más con un dejo de odio.
Cierto. El país llegó a un nivel de hartazgo qué eliminó las máscaras y dejó salir en muchos casos al animal feral que duerme en nosotros y que suele verse controlado por la cultura. ¡Chairo! ¡Fifí! ¡Chayotero! ¡HDTPM! Y así por el estilo. Encuentro hilos de “diálogo” que en 100 comentarios tienen cuando mucho dos ideas, y el resto son agresiones.
Por eso agradezco a quienes me ayudaron a mantener lo que resta de mi optimismo. Algunos lo hicieron aportando conversación inteligente, posturas flexibles, una perspectiva abigarrada, razonable o formativa. Otros me divirtieron con su sentido del humor ácido y resiliente. Otros simplemente estuvieron ahí para recordarme que la vida sigue adelante.
Sigamos pues tratando de agregar valor a lo que hacemos, inmunes a quienes nos catalogan como enemigos porque son incapaces de entender la diferencia. Solo ven blanco y negro. Si no eres de la grey, eres un enemigo del pueblo. Como sea, para todos, los unos y los otros, va de mi parte el deseo de que al menos en estas fiestas la pasen en paz, de ser posible con felicidad. ¡Feliz Navidad!
Primitivismo binario
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Horacio Salazar
Monterrey /
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