Corta temporada; Únicas 10 semanas; Funciones sólo los sábados… Éstas son frases que cada vez con mayor frecuencia leemos en la promoción de obras de teatro. Lástima, pues son pruebas contundentes del difícil panorama que enfrenta la actividad escénica en nuestro país.
Sin embargo, en medio de esta dura realidad, hay “garbanzos de a libra” (o de muchas libras) que se han instalado en el gusto del público, y que tienen históricas y muy longevas temporadas, que han pasado por encima de todos los obstáculos (pandemia incluida) y siguen en cartelera.
Dos ejemplos contundentes de ello son Los monólogos de la vagina y Defendiendo al cavernícola, La primera celebró hace un par de días sus 23 años de vida; y la segunda anuncia para este próximo miércoles 25 de octubre su festejo por 22 años de temporada.
Se dice fácil, pero sin duda no lo es, pues estamos hablando de, respectivamente, más de 8 mil y 5 mil representaciones; cifras que en nuestro país son insólitas, por lo que hay que celebrar en grande estos triunfos contundentes del teatro.
Estrenada en el ya lejano 19 de octubre del año 2000, Los monólogos de la vagina es un ejemplo claro del impacto no sólo artístico que el teatro tiene en la sociedad.
El montaje arrancó su temporada en la sala Chopin, en el corazón de la colonia Condesa, donde un buen día apareció la gran marquesina que anunciaba la obra. Voces de sorpresa, disgusto, apoyo, condena, respaldo se escucharon en todos los ámbitos: “¿Cómo se atreve alguien a montar una obra con semejante título… y qué se iba a ver en escena”; o, “Ya es tiempo de ver algo así en nuestro país”; y…
En los medios de comunicación se escuchaba, al fin, la palabra vagina sin un trasfondo pecaminoso; y el interés del público fue inmediato, tanto que agotó durante tres años consecutivos las ¡diez funciones! que se daban a la semana de este texto escrito por V (antes Eve Ensler).
Hasta hoy, por la obra han desfilado 140 voces, lo mismo de actrices, cantantes, sexólogas, periodistas, políticas, reinas de belleza… y ha sido aplaudida por cerca de 2 millones de espectadores.
Los monólogos de la vagina tiene temporada ahora todos los jueves en el Nuevo Teatro Libanés, y sigue recorriendo el país, con una gira más que exitosa.
El otro fenómeno de taquilla ha sido desde el 11 de octubre del año 2001 el monólogo Defendiendo al cavernícola, cuyo éxito está ligado, sin duda alguna, a un nombre y un apellido concretos: César Bono.
Como el mismo César lo ha dicho en infinidad de ocasiones, el impacto de Defendiendo al cavernícola se debe inicialmente al gran texto escrito por Rob Becker, quien para lograrlo se documentó sobre la relación de pareja en múltiples fuentes sociológicas, psicológicas, políticas, médicas…
Y sí, es un texto redondito, estupendamente bien logrado. Pero sin duda lo que catapultó su éxito en nuestro país es el trabajo de César Bono, quien se ha colocado en un lugar privilegiado en el gusto y el reconocimiento de la prensa y el público que lo ha definido como “el cavernícola mexicano”.
A lo largo de estos 22 años de temporada, César ha dado muestras de un profesionalismo a prueba de todo, y de un amor a las tablas más allá de toda duda. Enfermedades, exceso de trabajo, problemas personales… él ha pasado por encima de todo y ha puesto por delante el lema más contundente de la gente que hace teatro: “la función tiene que continuar”, y ha continuado.
Este miércoles 25 Defendiendo al cavernícola estrena cueva, pues luego de permanecer años y años y años en San Ángel, se muda ahora al Nuevo Teatro Libanés, también por el sur de la ciudad, donde evidentemente conquistará de nuevo al público.
Corta temporada… únicas 10 semanas… son frases que, parafraseando a Napoleón, no existen en el diccionario de Morris Gilbert, el incansable productor detrás de Los monólogos de la vagina y Defendiendo al cavernícola, que juntas acumulan 45 años en los escenarios mexicanos. ¡Eso es éxito, no presunción injustificada”.