El zoológico de cristal

Ciudad de México /

A ella la conocí en el teatro Juan Ruiz de Alarcón en octubre de 1990. Participaba en Los negros pájaros del adiós, al lado de Diana Bracho, Luis Mario Moncada y Zaide Silvia Gutiérrez; a él, un cuarto de siglo después, a unos cuantos metros del mismo recinto, en la explanada del Centro Cultural Universitario, cuando formaba parte del Carro de Comedias y actuaba en El alma buena de Sezuán.

Son madre e hijo y hoy comparten el escenario del Juan Ruiz de Alarcón, en una puesta en escena que dirige el marido y padre, respectivamente, de ambos. Ellos son Laura Almela, David Juan Olguín Almela y David Olguín.

Se trata de El zoológico de cristal, que cerró el pasado viernes su segunda temporada, pero que, a juzgar por la respuesta del público, se debe tomar sólo un descanso y volver pronto a la cartelera.

Es una curiosa coincidencia que esta familia mexicana de artistas, lleve a escena una historia familiar que tiene mucho de verídico.

Los sucesos que relata sucedieron realmente hace poco más de un siglo al sur de EU. Su autor, el gran Tennessee Williams se inspiró en su propia historia, y de su familia, para la trama de esta que es sin duda una de sus obras más representadas en el mundo entero.

Estrenada en Chicago en 1944, de donde pasó a NY un año después, El zoológico de Cristal es el retrato de una familia desesperada, agobiada por la pobreza, en la que la madre ha impuesto a sus hijos una dinámica cada vez más asfixiante.

En México la obra se presentó por primera vez en 1953, con el título Cristal en tu recuerdo con Carlota Solares, Dagoberto de Cervantes, Alicia Rodríguez y Sergio de Bustamante; y desde entonces ha sido remontada en varias ocasiones, y entre sus muchos interpretes han estado Carmen Montejo, Blanca Guerra, Margarita Xirgú y Gonzalo Vega.

Hoy, la familia ficticia de Amanda, Laura y Tom, a la que se suma una noche Jim, cobra vida en nuevamente en nuestro país en el cuerpo de esta otra familia, ésta sí real, formada por la pareja que conforman David y Laura y el hijo de ambos, David Juan.

Como en su primera temporada, que se presentó en el teatro El milagro, la segunda cautivó al público, especialmente compuesto por jóvenes, lo cual siempre es un gusto.

Un clásico contemporáneo, sin duda alguna, que ha dicho mucho y aún tiene más que decir.

Al extraordinario texto de Williams hay que sumarle, primero, la impecable dirección de escena. ¡Bravo David!, ¡qué gran trabajo! Fotografías, películas, música, frases, sonidos… una atmósfera que redondea cada instante.

A esto hay que agregar la (¡wow!) deslumbrante escenografía de Gabriel Pascal (también diseñador de la iluminación) quien ha construido en el escenario, un gigantesco barco (y al mismo tiempo casa), con playa y muelle incluidos.

Texto, dirección, escenografía, luces, sonidos… todo es el marco ideal para un trabajo actoral digno de ovación.

No es un secreto la calidad histriónica de Laura Almela, quien desde hace al menos cuatro décadas ha entregado actuaciones memorables, como la que ahora construye con el enloquecido, simpático, dictatorial, terrible y al mismo tiempo maravilloso personaje de Amanda, la madre.

Tampoco es un descubrimiento, pues con pasos más que firmes ha ido construyendo su carrera David Juan Olguín Almela, a quien he tenido el gusto de ver en al menos cuatro o cinco puestas en escena y en cada una de ellas se ha ganado el reconocimiento y aplauso por derecho propio, como lo hace aquí en un doble papel.

Miguel Cooper, como Tom, que al mismo tiempo juega de personaje y narrador, excelente como siempre; al igual que Anaïs Umano, que construye estupendamente bien a una Laura llena de miedos, inseguridades, dolores y al mismo tiempo ilusiones.

La vigencia de El zoológico de cristal es más que evidente, la reacción del público lo confirma. Todos, algunos más algunos menos, pero todos al fin, nos vemos reflejados en lo que sucede en escena. Todos tenemos una familia, una madre, un padre, hermanos quizá, y tenemos deseos, ilusiones, metas… que se enfrentan al mundo cada día, y no siempre llegan a buen puerto.

Cerró ya la segunda etapa de esta maravillosa puesta en escena… insisto que ojalá sea sólo una pausa, y pronto los veamos nuevamente en cartelera.

Felicidades a la familia Olguín Almela, un gusto verlos trabajar juntos.


  • Hugo Hernández
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