La maizada

Ciudad de México /

En septiembre pasado se celebró la edición 32 del Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU), organizado por Teatro UNAM, que reunió trabajos de ocho países invitados a lo largo de once días durante los cuales competieron 25 obras.

Uno de los montajes ganadores del encuentro fue La maizada, que ahora se presenta en el Teatro Santa Catarina, por una breve temporada de jueves a domingo y sólo hasta el 15 de febrero.

Esta puesta en escena, independientemente de lo maravillosa que es, es un ejemplo perfecto del espíritu del FITU, pues reúne el trabajo de una pléyade de talentosísimos jóvenes universitarios.

Como bien se explica en el programa de mano, “más allá del resultado, La maizada es la cosecha de un proceso que germinó durante dos años de laboratorio escénico. En ese tiempo, el colectivo Por ejemplo: Teatro compartió herramientas de distintas formaciones, cuestionó lo aprendido y se atrevió a desaprender para inventar un lenguaje común y una metodología propia”.

El colectivo lo integran egresados de cuatro instituciones de educación superior: Centro Universitario de Teatro, Casa del Teatro, Escuela de Arte Teatral, y la Facultad de Ciencias-Física, y este montaje “no sólo marca el nacimiento de la primera obra del colectivo, sino también un reconocimiento al cuidado del proceso creativo y al poder del trabajo compartido”.

La anécdota de La maizada parte de un relato zoque-popoluca, y cuenta la historia mágica del origen mítico maíz, sin duda la base de la alimentación en toda Mesoamérica.

La autoría y adaptación es de David Olguín, sin duda uno de nuestros dramaturgos más propositivos, siempre a la búsqueda de temas y formas innovadoras. ¡Gran trabajo!

La dirección de escena la comparten dos muy jóvenes talentos: Lucio Giménez Cacho Goded y Sheyla Carolina, quienes han logrado un trabajo vertiginoso, que atrapa de principio a fin en un montaje que sorprende, sorprende y vuelve a sorprender en cada momento.

“La obra –nuevamente cito al programa de mano—se construyó con un enfoque lúdico y estético que dialoga con las infancias y, al mismo tiempo, invita a todo el público a ser parte del ritual teatral: sin tras bambalinas, con la magia de la máscara y la transformación sucediendo a la vista de todos”.

Así es, el espectáculo arranca desde el pequeño patio que antecede a la sala del siempre hermoso teatro Santa Catarina, donde un trío jarocho va creando el ambiente adecuado para “entrar en calor”. Y ya adentro, no acaba aún de sentarse el público cuando vemos que los actores ingresan al escenario y a vista de todos se preparan para la función.

Sentados, se relajan, respiran profundamente, se miran y sonríen discretamente. Todos con ropa idéntica de color neutro y la cabeza cubierta se concentran. Tercera llamada y arranca el relato.

Máscaras, luces, color, música y actuaciones (¡vaya, vaya, vaya! ¡qué actuaciones!), hacen que el público no pierda de vista ni un instante lo que sucede, que es divertido, propositivo, conmovedor, ingenioso, ilustrativo, revelador…

Ver a estos seis jóvenes intérpretes explayarse, entregarse, saltar, brincar, rodar, cantar, sudar (más que evidentemente) es un privilegio, pues como bien se explica en el programa de mano, no hay un tras bambalinas y los cambios de máscaras y utilería suceden a vista de todos, lo cual los vuelve aún mucho más sorprendentes.

Acabamos de ver a uno de estos actores en un personaje y segundos después, luego de cambiar de máscara, ya es otro, con distinta voz, distinta postura física. ¡Bravo, bravo, bravo!

Estos seis talentosísimos y preparadísimos actores son Santiago Álfaro, Felipe Alfaza, Inés Buxadé, Diego Güitrón, David Juan Olguín Almela y Abril Ramos.

Ver este resultado en escena, valida al triple las palabras que anotan los integrantes de Por ejemplo: Teatro.

“Este trabajo nos permitió fortalecer vínculos que trascienden lo escénico y consolidar una red de acompañamiento mutuo, generando un crecimiento artístico y humano que va más allá del teatro y que al mismo tiempo, es para el teatro”.

Felicidades a Teatro UNAM por apoyar talentos de este tamaño.


  • Hugo Hernández
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